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LAS LENTEJAS

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      Suena el teléfono cuando le faltan diez minutos a las lentejas. Subo y, entre tanto, ha saltado el contestador. Escucho el mensaje: "Gata, soy Isabel, me ha dejado mi hermana Pepa un recado para ti, llámame, es urgente.”
      — Hola, Isabel ¿qué tal estás?
      —  Bueno, ya sabes, a mi edad... tengo muy mal la cadera, y el médico me ha dicho que no encuentra nada, que será reúma; pero es un dolor como de fractura ¿sabes?
      — Claro, a mí...
      —  No es un dolorcillo como el tuyo, sino un dolor fuerte. Hay días que me tengo que tomar un paracetamol para poder aguantar.
     — ¡Vaya, qué horror! Te he telefoneado porque he oído tu recado para que te llame urgente: ¿pasa algo?
      — Si, es que mi hermana se ha ido a la Notaría, que es con la que siempre hemos trabajado en mi familia. Con decirte que mi abuelo hizo las escrituras de la casa con el abuelo de Arnaldo ya te puedes figurar... Hay mucha amistad entre las familias: su hija hizo Derecho, pero no quiso trabajar con su padre en la Notaría, hizo oposiciones y está en Hacienda o en un banco o algo así... ha tenido una nena hace poco, y está con permiso de maternidad. Su marido es un mocetón guapísimo, muy simpático, pero no es de aquí.. Eso del amor es así... nunca se sabe donde estará el hombre de tu vida ¿verdad? ¿Y tú, sigues sin encontrar a nadie?
      — ...Perdona, Isabel, es que tengo las lentejas en el fuego... me has dicho que tienes un recado urgente para mí de parte de Pepa... si acaso luego te llamaría con tiempo y ya charlamos ¿te parece?
      — Si, ya me gustaría a mí ser tan despreocupada como tú y tener tiempo para dedicarme a charlar; pero no paro, de todo me tengo que encargar yo... es que llevar una casa sin más ayuda que una mujer que viene cinco horas... Mi hermana ya sabes que no hace nada. Ella tiene su trabajo, y espera que se lo den todo hecho...
      — ... ¿Y cuál era el recado que me tenías que dar?
      — Es que me ha dicho mi hermana que te diga una cosa, pero no sé qué es, no me acuerdo... y he pensado que, si me dices qué querías de ella, quizás me acuerde de lo que me ha dicho que te diga...
     — Pues no sé, no hay nada que yo tuviera que preguntarle... ¡Da igual, no tiene importancia, Isabel, gracias de todas formas! Hablamos más otro día, porque las lentejas...
      — Ay, no cambiarás nunca. ¡Para ti nada tiene importancia! Mi hermana me ha repetido tres veces: “no se te olvide decírselo si llama”. Y no puede ser una tontería, Gata, si no, ella no me lo hubiera recalcado tres veces...
      — Ya, Isabel, pero como yo no tenía nada que preguntarle y no sé qué es lo que quería que me dijeras, pues, cuando vuelva, que me llame y me lo diga... Isabel, tengo que colgar que las len...
      — ¡Menuda es mi hermana, si le digo que he hablado contigo y no te he dado el recado! ¡Me pone a caer de un burro! No seas pasota y piensa un poco, que seguro que, al final, sé qué es lo que te tengo que decir... ¿Tienes algún asunto profesional que le hayas encomendado a ella?
      — No, Isabel, y no hay nada personal pendiente tampoco: ninguna carta, ningún libro que espere que me comente, nada. Oye, guapa, haz una cosa, di que no he llamado y no me lo has podido decir, y sanseacabó.
      — Es que tú mientes como respiras, pero yo no he dicho ni una mentira en mi vida, y no voy a empezar ahora.
     — Oye que se me van a quemar las lentejas... te llamo después.
     — No, no, no cortes, que yo en cuanto termine de hablar contigo, tengo que salir. He quedado a tomar café con Maruli ¿te acuerdas de ella?
      — Si, si me acuerdo... Mira Isabel, vete a tomar café tranquila, que no pasa nada si no te acuerdas del recado.
      — ¿Cómo que no pasa nada? Yo ya tengo un come-come que me tiene con palpitaciones. Me dijo el cardiólogo que no me disgustara por nada, que lo peor para lo mío eran los nervios y los disgustos. Y me está dando taquicardia y mareo con este jaleo, que no sé qué tenéis entre manos que yo no me pueda enterar. Porque, Gata, siempre vas con secretitos con mi hermana, que yo tonta no soy, aunque no sea tan larga como tú, que vas delante de las nubes... Y no quieres decirme a qué tenía que contestarte mi hermana, porque te gusta dejarme al margen de todo, me tratas como si no tuviera sentimientos, ni orgullo, ni fuera un ser humano... y... y....
     — No, no, Isabel, por favor no llores. Es que te juro por mis muertos que yo no espero ninguna respuesta, ni ningún recado de tu hermana. No es que te quiera dejar al margen, es que hace más de dos meses que no hablo con ella siquiera...
      ¡Pues algo tenías que saber, porque mi hermana no miente, y me lo ha repetido tres veces que no se me olvidara! ¡Y este disgusto es gracias a ti, como otros muchos que hemos tenido Pepa y yo, por tu culpa!
      Bueno, Isabel, pues lo siento, pero es que tengo las lentejas en el fuego, ya hablamos en otro momento.
      Si, claro, tú a lo tuyo, a lo tuyo, no te preocupes de nadie más que de ti... Yo, a punto de tener un infarto, te doy igual, tú tienes que ocuparte de tus lentejas y, si me quedo muerta aquí mismo, porque tengo todos los síntomas de un ataque al corazón, ¡estoy teniendo un infarto, pero tú vete con tus lentejas,  no llames a una ambulancia!.... ¡Ayyyyyy!
      Isabel... Isabel... Isabel... ¿estás ahí? ...Isabel...contéstame, por favor...Isabel, voy a llamar al 012 para que vaya la UVI móvil...tranquila, van enseguida...

      Se ha cortado la comunicación.
     ¿Es emergencias? Una señora en esa ciudad estaba hablando conmigo y me ha dicho que estaba teniendo un infarto de miocardio cuando se ha cortado la...
      Oye, ciudadana, ¿te ha dicho que estaba teniendo un infarto?
      Si, me ha dicho que lo estaba teniendo.
     Oye, ciudadana, un infarto se tiene o no se tiene. Si se tiene no se puede retransmitir. Un infartado no habla, no dice ni Pamplona, ¿comprendes?
     Bueno, ¿y si le doy el teléfono y habla usted con ella a ver si es o no es? Yo es que no estoy en la misma ciudad, que si no me acercaría. Se llama Isabel y su teléfono es...
      ¿Isabel, la del teléfono 96... ...?
      Si, ese teléfono es... ¿ya han...?
      No te preocupes, lo suyo no es un infarto: está contándole al contestador que hay una víbora que se trae secretos con su hermana... Eso no es un infarto, tú tranquila.

     Ha colgado.
     Lentejas pegadas. Carbonizadas.
     Dos horas después me llama Pepa.
     ¡Hola, despistada! ¿A que se te ha olvidado que me tenías que llamar?
      ¿Para qué?
      Para felicitarme por mi santo.
      Pepa ¿qué día es hoy?
      Día 19, es mi santo.
      Pepa, es 19 de mayo, hace dos meses que fue tu santo y te felicité.
      ¡No fastidies! ¡Pues vengo de invitar a los de la notaría para celebrarlo y no me han dicho nada! ¡Qué caraduras!
      Pepa, ¿qué recado le habías dejado a tu hermana para mí?
      Que, cuando llamaras para felicitarme, te dijera que me telefonearas después, porque me iba a tomar el aperitivo con los de la Notaría...
¿No te lo ha dicho?

Gatopardo

10/10/2010 11:10. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

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Gatopardo

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si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
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