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CUESTIÓN DE PROPORCIONES

      El individualismo no está bien visto en las sectas de la izquierda ni de la derecha tradicional, herederas de la mística calvinista,  que blindaron sus enfrentamientos con una feroz defensa de la ortodoxia y de los suyos. Por eso, para los que nos gusta leer,  hay pocas ocasiones para esponjarnos de dicha ante autores que piensen con independencia, tengan su propio criterio, sean capaces de quedarse solos y, no obstante, sigan escribiendo lo que quieren, y manteniendo sus posiciones con la contundencia de un guerrero espartano, y con la pureza de un adolescente. 

      Como mi corpus ideológico consiste en buscarle las debilidades a las ideologías, y meter el dedo en la trama desgastada de las convicciones de una pieza, y vivo ajena al espíritu gregario, suelo tener pocos amigos de mi bando.

      El gregario tiende a limar aristas en la percepción para lograr coincidir con el resto. Y el resultado es ese tipo de gente que no sabes si va o si viene, si sube  o si baja, si te la va a endosar por la espalda o ya te la envainó. Es esa clase de individuo  que cree ser encantador,  cuyas características encajan con un obsequioso vendedor modélico de El Corte Inglés, aterrorizado ante sus superiores, servil con quien le paga, y tiránico con quien esté por debajo de él en el escalafón. Y,  suele tener un discurso engolado y ecolálico, con una docena de obviedades bienintencionadas, dignas de un orador de Hide Park con el cerebro estragado por el alcohol metílico. 

      Los he conocido al frente de oenegés, aulas, sindicatos, partidos, asociaciones, empresas, rebozados de megalomanía y  narcisismo, que son los enemigos naturales de la inteligencia; nunca los he encontrado entre los creadores, los investigadores, los marginados, y los descubridores,  gente acostumbrada a preguntar y  preguntarse, a la que le importa una higa blindarse el ego o ponerle chorreras, porque no suele cultivar sus debilidades ni sus certezas.

      Y todo esto, viene a cuento porque los vendedores de noticias no suelen calificar como "históricos" los  acontecimiento de trascendencia limitada y local, ni califican como "hecatombes" las erupciones cutáneas en la vida parroquial, ni como "desastre" lo que afecte el ajuar de una familia.  Y,  sin embargo, mi imaginación estragada y sobrestimulada no es capaz de imaginar nada que sobrepase el círculo de lo conocido, y me rebotan las narraciones dramáticas, las masacres, y los desatres, que, en mi cerebro,  forman parte de lo abstracto, tirando a gaseoso, mientras que me deja arrasada el drama íntimo y mezquino de mi fracaso personal y concreto: se me ha olvidado añadir las claras montadas, con la corteza de limón  rallada, a la tarta de queso. Ha quedado vomitiva. Y por si fuera poco, se ha terminado la 1ª temporada de Downton Abbey...

      Ustedes perdonen si me exalto, no voy a pretender que me parezca comparable con la quiebra internacional  de la economía capitalista,  con que la corrupción institucional de México  y España vayan del bracete en el informe de Transparencia Internacional,  o los consabidos escarceos bélicos en algún país exótico... No hay proporción. Yo, como todos,   soporto con una admirable entereza el sufrimiento ajeno.

      Eso sí, a mí también me parece que  los idiotas son los demás...

Gatopardo
Más información  (en inglés, con subtítulos en español):
*Jesús Sanz Astigarraga:  Españoles, ¿sois idiotas?
Imagen de portada: Bulbos. R. Sarchioni



14/12/2010 03:30. Editado por Gatopardo enlace permanente. PERSONAL Y ARBITRARIO

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Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
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Y que no nos den la lata
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