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ROMANCE DEL CABALLO ROBADO

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20 EL CABALLO ROBADO

En casa del Rey
    se perdió un caballo,
decían que el Conde
   lo había robado.
Ni el Conde lo ha hecho
   ni lo ha pensado.
Ya llevan al conde
   preso a encarcelarlo
grillos a los pies,
   manilla en las manos,
cadenilla al cuello
  por más afrentarlo.
El Rey le miraba
  desde altas torres
y también las damas
  y los infanzones.
—¡Qué dirán los grandes
  de verme en grillones!—
Ya alzara sus ojos,
   vio el sol eclipsarse
y a un carpintero
   que la horca hace.
—Noble carpintero
   ¿para quien la horca?
—Para vos, el Conde,
   y vuestra persona.
—Maestro, maestro,
   así Dios te guarde,
házmela bien alta
   y estrecho el collare,
no coman los perros
   de mis dulces carnes;
te daré un rubí,
   te daré un diamante,
que me los dio el Rey
   al ir a casarme.—
Le mira la Reina,
   desde el miradore;
Conde, con vergüenza,
   tapó sus grillones.
—No los tapéis, Conde,
   no los tapéis, none,
que para los hombres
   se hacen las prisiones;
para las mujeres
   los grandes dolores.—
Gritaba al verdugo
   que soltase al Conde:
—¡Afloja, verdugo,
   afloja la soga!—
Responde el verdugo
   que ya no era hora.

b)

En la casa del buen rey
   faltara el mejor caballo;
el Rey le pregunta al Conde:
   —¿Eres tú el que lo ha robado?
—¡Ni robo caballerías,
   ni aguanto tales agravios!—
El Rey le mandó prender,
   las cadenas arrastrando:
una le traba las piernas
   y las otras dos las manos.
En lo mejor de su sueño,
   el Conde se ha despertado,
que repica un carpintero
   con el martillo y sus clavos.
—Carpintero, carpintero,
   dí ¿por qué repicas tanto?
—Estoy haciendo la horca
   para un conde ajusticiarlo.
—Hazla bien alta y derecha,
   que yo soy el sentenciado
y no quiero que los perros
   me coman por los zancajos.-
Cuando lo iban a ahorcar,
   ha relinchado el caballo.
El Rey, que está en altas torres,
   al verdugo le ha gritado:
—El caballo que relincha
   es el que a mí me robaron,
el jinete que lo monta
   es hijo mío bastardo.
¡Afloja, afloja la soga,
   descorre, descorre el lazo!
—¡Ya no es hora de ello, Rey,
   que de lengua sacó un palmo!

      A pesar de la preferencia de los editores de romances del siglo XVI por los romances de temática caballeresca, el "Romancero oral del siglo XX" heredó algunos procedentes de la tradición oral medieval que se escaparon, a lo que parece, de ser glosados por poetas al servicio de la producción de Pliegos sueltos impresos en la primera mitad del siglo XVI y que consecuentemente, no fueron reproducidos por los confeccionadores de romancerillos de faldriquera (hoy los llamaríamos "ediciones de bolsillo"), el gran negocio editorial de la segunda mitad del siglo. En el caso de "El caballo robado", más que por desconocimiento del tema, el "olvido" creo que se debió a que la modalidad prosódica en que llegó a su conocimiento fue la hexasilábica estrófica y los poetas glosadores y los compiladores de romances rechazaban todo romance que no fuera octosilábico y monorrimo, o , todo lo más, compuesto de series monorrimas. Nuestro segundo texto surgió como una habilísima adaptación del primero a la estructura métrica dominante en el romancero castellano, la octosilábica monorrima, y no sabemos hacia cuándo se incorporó a la tradición.

      En los siglos XIX y XX, el romance hexasílabo únicamente conservaba ya vigencia en tres áreas "laterales" de la tradición de los pueblos de hablas hispánicas: la catalana y las sefardíes, tanto de Marruecos como de Oriente. El texto octosilábico en -á.o, sólo nos es conocido, hoy por hoy, en una versión única, procedente de Lumbrales (Salamanca), que encontró y publicó en un periódico ¡uno de los antiguos colectores de romances de la tradición gallega!. Intenté su búsqueda por tierras de Ledesma, sin éxito.

Diego Catalán,  publicado en Romancero de la Cuesta del Zarzal 

27/12/2010 02:03. Editado por Gatopardo enlace permanente. DIEGO CATALÁN

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