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CORRECCIÓN

      Tenía ojos de cierva, y yo envidié sus pestañas y la dulzura equívoca de su mirada miope y el parpadeo lentísimo antes de bajar la vista. Sin embargo, cuando se puso las gafas, sus ojos eran como dos puñaladas en un huevo de codorniz. Cuando le dirigía la palabra  esbozaba una sonrisa sutil, con una timidez conmovedora de novicia, y tenía esa forma de hablar episcopal y sincopada que hacen tan elocuentes los silencios.
      Sus víctimas nunca supieron que aquel hombre tan correcto habría de ser su verdugo. Luego les enviaba una corona de flores para el funeral y gastaba el diez por ciento de su sueldo en misas por sus almas: el diezmo para la parroquia del finado, que ya no habría de dejar unas monedas cada domingo.
      Todo eso lo cuenta en la autobiografía que escribió cuando dejó de aceptar asesinatos por encargo, y que yo me encargué de corregir, porque masacró la ortografía y casi mata de aburrimiento al lector con su erudición en toxicología: la cumarina, el digital y los alcaloides de los hongos enteógenos fueron sus preferidos, pero tampoco descartó describir el efecto verdoso en la tez que provoca el ácido fórmico desde  los primeros momentos.
      —Estoy seguro de que cumplirá su promesa y no le dirá a nadie lo que escribo... —me dijo. Y yo le sonreí apiadándome de su ingenuidad, porque cualquiera que me conozca sabe que soy incapaz de guardar un secreto ajeno.
      Cuando acabé mi trabajo me dio un cheque por encima de mis pretensiones y me invitó a café para celebrarlo,  mientras me contaba, turbado y titubeante, que también escribía versos y querría que algún día se publicaran... Hablamos apasionadamente sobre literatura sin darnos cuenta de la hora y cuando me despedí,  hacía un rato que su criada había retirado el servicio de café, y la luz del atardecer ya dejaba ver un tinte bilioso en su rostro.
      Menos mal que pude intercambiar las tazas...

Gatopardo 

Foto: Cartier Bresson

02/02/2011 15:55. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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