Facebook Twitter Google +1     Admin


VIDA, AVENTURAS Y OPINIONES DEL CABALLERO VICTOR ROTHSCHILD

Si no pongo a Jerusalem en la cumbre de mis alegrías (Salmo 137)
(Tring, Hertfordshire, 28 de diciembre de 1933)

      En el ritual de una boda judía, después de las siete bendiciones (Sheva Brachot), se coloca un vaso en el suelo que el novio (chatan) rompe de un taconazo, como símbolo de la la destrucción del Templo de Jerusalem y de la unión de los esposos con el destino del pueblo judío. Según algún descreído, significa que es la última vez que se permite al hombre judío dar  la patada al tornajo. Y se recitan versos 5 y 6 del salmo 137 para no olvidar que por encima del mayor gozo existe el dolor de lo perdido.

      Victor Rothschild se casó a los veintitrés años. Aunque siempre tuvo tendencia al “embonpoint1 (era “gordo”, según sus detractores o “atlético” y “byroniano”, según sus aduladores), en aquellá época era una joven “alto y delgado”. Su fisonomía no-aria era descrita añadiendo al retrato “de nariz aguileña” o “de tez oscura”, según el periodista anduviera más o menos fino con los prejuicios raciales. Ni tenía la nariz aguileña ni era moreno de verde luna. Y tampoco era creyente. Creo que lo que más le atraía del ser judío era la pertenencia a un club selecto y, dentro de él seguir sus propias normas, que a veces rozaban la herejía: “Soy Lord Rothschild y no como cerdo, así es que tráigame un sandwich de jamón”. Se casó por segunda vez, en una ceremonia civil, con una dama no judía y se sorprendió mucho cuando un rabino le dijo que su hijo no era admitido en la ceremonia del  Bar Mitzvah porque, en sentido estricto y ortodoxo, no era judío. El problema lo resolvió buscando, en Estados Unidos, a un rabino más liberal y reformista.2

      Barbara Hutchinson fue su primera mujer3. Era una joven de las que Gerald Durrell se lamentaba que pasaban con demasiada rapidez de ser rosas inglesas a caballos percherones 4. Las fotos públicas muestran su mejor época, aunque tras su belleza asoman inquietantes rasgos de su madre, Mary Hutchinson, un ejemplar equino del selecto Círculo de Blommsbury, que nunca olvidaba preguntar a sus amantes cómo definirían el Arte o qué opinaban sobre el principio de sensación de la forma estética. Barbara no era tan tremebunda. Coincidía con su madre en saber a qué altura corporal se decidía la batalla contra la moral victoriana. Pero mientras que St. John Hutchinson nunca pareció molesto porque Mary ampliara su generosidad a Clive Bell, a los Huxley (marido y mujer)5 y a cualquier otra alma desgraciada del Círculo de Bloomsbury, Victor llevó mal los cuernos y en eso se reveló su alma puritana y la huella que había dejado en su personalidad el matriarcado judío,. Recopiló metódicamente todos los nombres de los amantes de Barbara para espetárselos a la cara y Barbara se quedó pasmada: "Es muy rencoroso. Hasta me recordó a algunos que yo había ya olvidado" 6. Formaron una pareja tormentosa y, según los recuerdos de sus amigos, resultaba bastante estomagante. Tenían una pertinaz afición a dirimir en público y a voces sus conflictos. Por más champagne, caviar o Château Mouton que dieran a sus invitados, éstos terminaban intentando escapar lo más discretamente posible del fragor de las trifulcas.

      Barbara se convirtió al judaismo un mes antes de la boda, pero no llegó a calar en su alma aquello del “orgullo, honor y coraje” de la mujer que dictaba su nueva religión. Sin embargo, definió bien a su marido. Era rencoroso. Ni la perdonó jamás ni olvidó la posibilidad de un cuco entre sus polluelos. Cuarenta años después,  en una conferencia de prensa que daba como presidente del Think Tank, un periodista le preguntó: “¿Cómo explica que su hijo Jacob sea tan buen financiero y de usted se dice que es muy malo?". Victor respondió sonriente: “Jacob es tan bueno en finanzas y yo soy tan malo que alguna gente sospecha sobre su legitimidad”. La gracia la repitió ante el Press Club of London para escándalo de todos y bochorno de su primogénito, al que nunca tragó.7

      Pero aquel 28 de diciembre de 1933, se casó el heredero de los Rothschild de Gran Bretaña con su “bright young thing” vestida de terciopelo blanco y en la mansión de Tring. Las medidas de seguridad sorprendieron por lo estrictas:  “Cada invitado tenía un pase especial que era inspeccionado cuidadosamente por un policía. Cuando éste daba el visto bueno avisaba al guarda que abría las puertas desde dentro girando una rueda. A la servidumbre y a los jardineros se les hizo jurar absoluto secreto sobre los preparativos…” —cuenta admirativamente un periódico coetáneo 8. Con semejantes fastos se cumplía el deber social y los deseos de Emma Rothschild, cabeza nonagenaria del matriarcado. En cualquier caso Victor habría hecho lo mismo. Existía una patológica inseguridad en su carácter que le hacía aferrarse a los formalismos, controlar y manipular a las personas y, sobre todo, venerar al Establishment. Nunca cometió un acto de rebeldía que no viniera avalado por el prestigio de un círculo, de un grupo o un apellido. Esto le ayudo a desarrollar una extraordinaria capacidad de análisis de los individuos y las situaciones y a relacionar informaciones aparentemente inconexas o dispares. Sin embargo, no le proporcionó lo más buscado: ni la seguridad ni el respeto de sus semejantes.

      Lejos de ser un matrimonio atípico, resultado de una intensa atracción sexual entre la pareja, su unión con Barbara Hutchinson sigue el modelo de otros judíos integracionistas, que consideraban la "cuestión judía" como un asunto propio de sociedades incultas, una lacra de prejuicios por parte de los antisemitas y una remora de tradiciones absurdas por parte de los judiós, que impedían su integración en las sociedades avanzadas. Había que conseguir poder para que te toleraran, cultura para que te valoraran y demostrar espíritu patriótico con servicios al estado que los había acogido. Ese mecanismo de sobrevivencia era el que había dado los únicos resultados satisfactorios en la historia de Inglaterra. Los integracionistas en su mayoría procedían de clases adineradas, cultas y de tradición familiar  ortodoxa9.

      El caso de Edwin Montagu y Venetia Stanley10 es la foto en sepia del matrimonio Rothschild. Venetia Stanley representaba el modelo de socialite británica de principios de siglo: mujer de clase alta cuya principal misión era organizar y asistir a eventos de su grupo. Los eventos eran de lo más variado y requerían estar al tanto de modas, tendencias culturales o acontecimientos políticos y tener una moral lo bastante moldeable para no escandalizarse por las francachelas, orgías o drogas de los ratos de ocio. Si la dama carecía de recursos con los que mantener unas apariencias, debía saber cómo sonsacar dinero a sus amantes de una forma elegante y discreta o llegar a un acuerdo matrimonial provechoso. Por lo demás, eran antisufragistas y nunca se les pasó por la cabeza trabajar. Venetia pasó a la posteridad por su correspondencia con el primer ministro Asquith. De los miles de cartas sólo se conservan las del político y algunas de ella, porque Asquith rompió las de Venetia por discreción matrimonial. Las cartas de él reflejan al político, pero sobre todo a un hombre en plena decadencia física y en el cénit de su chochez mental. Las epístolas de Venetia no destacan por su coherencia sintáctica ni su contenido intelectual

      Asquith tuvo siempre una debilidad rijosa por las jovencitas y se hacía rodear por las amigas de sus hijas, que lo acompañaban encantadas en ese coto de posibles maridos que eran los cercanos a un primer ministro. Todas se fueron casando pero a la bella Venetia se le pasó el arroz y tuvo que recurrir a volver a seducir a un antiguo admirador, despreciado sistemáticamente por ella: el judío Edwin Montagu: feo de solemnidad, sin gracias sociales, con mala salud, pero rico y con una brillante carrera política.

      Montagu aceptó un matrimonio en los términos más humillantes con esta dama aria, a la que sólo pidió su conversión al judaísmo, por razones de exigencias testamentarias. Fue anfitrión de sus amantes y, cuando fortuna flaqueó por las extravagancias de su mujer, aceptó mansamente las invitaciones de Lord Beaverbrook, el nuevo protector de Venetia 11.

      En 1933, Lord Beaverbrook alabaría, desde su periódico, el Sunday Express, a Hitler comparándolo con Roosevelt por su lucha contra el desempleo y por la protección social12. Montagu fue el líder del movimiento antisionista que combatió apasionadamente la Declaración Balfour, detestaba las tradiciones judías, y se pasó la mitad de su vida repitiendo a su familia que no le gustaban las mujeres judías. Mientras reivindicaba su ser británico, su novia seguía carteándose con Asquith y gastando bromas racistas sobre su prometido. Asquith guardó más las formas. De llamarle “El Asirio” pasó a llamarle Montagu.

      La misma relación masoquista entre judío protector y aria insoportable y antisemita podemos verla en Leonard  y Virginia Woolf. La dragonesa del Círculo de Bloomsbury era aficionada a todos los clichés racistas de la época: calificaba de quejicas a los refugiados de los pogroms europeos y hasta hablaba de una risa o una voz judía13. Sus defensores se esfuerzan por tapar las vergüenzas aduciendo modas retóricas de vanguardia. Lo cierto es que Virginia Woolf, que tenía el desabrimiento de una dama victoriana y la molicie de una señora eduardiana, no superó estilísticamente en sus textos antisemitas a los que podría haber escrito un tabernero de Munich. Virginia Woolf destilaba vinagre hablando de Victor y, en el fondo, aunque no podían resistirse a codearse con el heredero del imperio Rothschild  y sus lujos, los Woolf dejaron muy claro que nunca fue uno de los suyos. Barbara le había presentado a muchos de los miembros del Círculo de Bloomsbury, (a otros ya los conocia porque eran integrantes de los Apostles), pero  el grupo, con su logorrea teórica, su esteticismo y sus amaneramientos intelectuales no resultaron compañeros muy fieles para los nuevos tiempos.

      Gracias a sus conexiones familiares con los Churchill 14, Venetia Montagu llegó a ser amiga de Victor, que la presentaba a sus conocidos como una joya del refinamiento social. En los años inmediatos que siguen a su matrimonio, Victor estrechó relaciones con Duff Cooper, amigo y amante de Venetia15 y de los Churchill, Secretary of State for War de 1935–1937. Duff Cooper fue uno de sus pocos amigos y compañeros afines en sus intereses políticos,  y una figura esencial en su trayectoria en los servicios de inteligencia.

      Pero en 1933, celebrar una unión mixta no se reducía a un problema de complejo social, de grupo o clase. Era un desafío. En 1915, Asquith aceptó como algo perfectamente correcto, aunque triste, el matrimonio por dinero de Venetia, pero, cuando se enteró de que, en los pactos matrimoniales, se incluía su conversión al judaísmo, escribió horrorizado:

      “Pienso lo que puede significar, incluso para una persona sin creencias dogmáticas, abjurar del Cristianismo y, además, sustituirlo por el judaísmo. Cuanto más lo pienso (y creo que lo hago de forma imparcial y objetiva) más repugnante y repulsivo me parece. En primer lugar (como Montagu admitió el otro día), tienes que declarar (expresa o implícitamente) que el Cristianismo es una impostura: en otras palabras tienes que dar la espalda a la mayor fuerza que ha creado Occidente, que ha remodelado y ha cambiado el mundo y nos ha hecho ser lo que somos. Y despues de ese “gran rifiuto” tienes que afirmar (y no ímplícitamente) que adoptas el credo de esa tribu estéril y cerril..” 16

      Esta opinión fue escrita por un liberal, nada dogmático, y sin especial inquina contra los judíos. En los años treinta casarse con una no judía, con conversión o no,  era manchar sangre aria. La cuestión de la raza, la pureza de sangre y la necesidad de mantener la sangre aria libre de mezcla o de seres enfermos que la estaban debilitando no la inventa la ideología nazi sino que ésta echa mano de corrientes de pensamiento con profundas raíces en la sociedad británica y estadounidense. El racismo formaba parte de la ideología imperial de Gran Bretaña y alcanzaba a todas las clases sociales. Su formulación por políticos e intelectuales presentaba un razonamiento adaptable a las conciencias de cada público. En el caso de los judíos, al secular antisemitismo, se suman otras argumentaciones: la aristocracia, la nobleza y la clase alta inglesa están perdiendo su pureza de sangre por matrimonios mixtos con judíos, que se infiltran para acaparar los puestos de las clases dirigentes británicas. Empiezan a acopiarse “expedientes” genealógicos de familias “tintadas”, que culminan, en 1940, con una suerte de “Tizón de la Nobleza”, publicado por la B.U.F (British Union of Fascists), donde se exponen los cientos de apellidos y familias mezcladas con judíos. Victor Rothschild, claro está, aparece en él. La publicación hizo furor y fue presentada en la Camara de Representantes de Estados Unidos por el Hon. J. Thorkelson, de Montana, el 20 de agosto de 1940:

       El espíritu maligno y conspirador de la grey mosaica toma su forma más peligrosa como instigadores de las peores revoluciones:

      “Este movimiento entre los judíos no es nuevo: Desde la época de Spartacus-Weishaupt hasta la de Karl Marx, Trotsky (Rusia), Bela Kun (Hungría), Rosa Luxembourg (Alemania), and Emma Goldman (Estados Unidos)... esta conspiración mundial para destruir la civilización y crear una sociedad basada en detener la civilización, en la envidiosa malevolencia, y en la imposible igualdad, ha estado creciendo sin parar. Ha sido la fuente de todos los movimientos subversivos durante el siglo XIX. Y ahora, al final, esta banda de extraordinarias personalidades salidas del inframundo de las grandes ciudades de Europa y América, han agarrado al pueblo Ruso del pelo y se han convertido prácticamente en dueños indisputados de ese enorme imperio”  Winston Churchill 17 

      Es sabido que la familia Churchill mantenía relaciones comerciales, de amistad, etc. con los Rothschild. Veremos que Churchill recurre a Victor en la Segunda Guerra Mundial como hombre de confianza, pero, en 1947, durante la boda de su hija Mary con Christopher Soames, Victor fue ninguneado como invitado. Tampoco fue aceptado como miembro del club más exclusivo de Gran Bretaña: el White Club, a pesar de haber sido presentado por Lord Rosebery y Duff Cooper. El desprecio sin duda fue la respuesta del Establishment a la intervención de Rothschild en la House of Lords, hablando de la situación en Palestina después del atentado del Hotel Rey David en Jerusalem.

      Meses después de casarse con Barbara, Victor fue expulsado de un restaurante en Londres por ser judío:

     “Alto, delgado, y de nariz aguileña, Nathaniel Mayer Victor Rothschild, de 23 años, sobrino y heredero de Lionel Walter Rothschild, cabeza de la rama británica de esta gran dinastía de banqueros, entró con un grupo de amigos en un alegre restaurante conocido como el As de Espadas, y al poco salió sin comer. Los periodistas de Londres, que habían oido rumores, corrieron a su casa y le oyeron explicar con timidez: “En cuanto entré, el dueño se acercó y me preguntó si era judío. Mi físico es poco ario. Le confirmé que era judío y me contestó que  sentía mucho no poder atenderme y que me marchara. Se parece a la Alemania Nazi ¿no?”18 

      Sin embargo, tendrían que pasar muchos años para que este inglés tuviera consciencia de que, fuera lo que fuera, siempre sería un judío en Inglaterra. Él mismo narra, en un estilo voluntariamente conciso y neutral, sus primeras experiencias de niño con el antisemitismo: "Me di cuenta dolorosamente de que era judío cuando, despues de llegar a Stanmore Park, un niño llamado Michael me dio una patada en las espinillas y me llamó "sucio judío". 19

      Victor, que era malo escribiendo porque lo que le apasionó nunca pudo contarlo y lo que contó nunca le interesó, solía recurrir al equívoco como broma que sólo él y algunos de sus pares en inteligencia eran capaces de entender. Un lector latino entendería la frase como el doloroso descubrimiento infantil de la discriminación. Un lector británico entiende que es la patada en las espinillas lo que hace calificar la experiencia como "dolorosa". Ese sentido del humor y la satisfacción que le producía saber utilizar el protocolo y lenguaje de una clase a la que despreciaba pero temía le ocasionó más de un problema. Kenneth Rose, su biógrafo "autorizado" malinterpreta el sarcasmo que encierra el discurso del año 38 en favor de los refugiados judíos:

      "A pesar de nuestros sentimientos humanitarios, creo que estamos de acuerdo en que hay algo de "incómodo" en acoger a refugiados en la privacidad de nuestro país, incluso por períodos de tiempo relativamente cortos. Esta sensación también la comparten, por razones distintas, los mismos refugiados. Haber tenido que emigrar a un país extranjero, con diferentes costumbres, diferente idioma, diferente comida e incluso diferente clima y sentir que no se le quiere a uno en ningún sitio y sentir que dependes moral y materialmente de la caridad de los demás, es, creo, uno de las experiencias más humillantes que puede sufrir un ser humano.
       Son por estas razones por las que los judíos se aferran con tanta tenacidad (demasiada, dirán ustedes) a la noción de Palestina, aunque creo que saben que, según dijo el Colonial Secretary hace unos días, semejante cantidad de judíos no puede entrar en un país tan pequeño
".20

      Cuando Victor Rothschild pronunció este discurso había donado una auténtica fortuna a favor de los refugiados judíos que habían huído a Gran Bretaña  del exterminio nazi. Que lo hiciera discretamente y muchas veces de forma anónima es explicable porque, en la cultura judía, la ayuda o los actos de caridad han de ser anónimos. Existe, además otra constante en su conducta, y es la de omitir o trivializar aquellos episodios de su vida que lo hacían sentirse vulnerable. De sus experiencias con el antisemitismo, nunca habló de la más dolorosa: cuando un compañero de escuela se burló de la forma en que había muerto su padre, detalles que su familia había intentado ocultarle por su edad.  

      Charles Rothschild padecía encefalitis letárgica, al parecer una manifestación de una rara epidemia de encefalitis que padeció Europa y Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial y que sigue inexplicada. Los síntomás con los que cursaba esta enfermedad se trataron durante años como depresión, cefalea, trastornos alucinatorios, etc. Incapaz de soportar más los dolores, Charles se suicidó degollándose a los 45 años. Victor tenía 13. Su hermana Miriam 21 cuenta la tristeza con la que celebran el Bar Mitzvah de Victor, meses después, incapaces de sobreponerse a la muerte de Charles. Miriam habló de cómo le afectó este suicidio a su madre o a ella misma, pero Victor Rothschild jamás lo mencionó.

      El silencio sobre la enfermedad de su padre se extendió al gran tabú de la enfermedad mental en los Rothschild. En él se juntaron las ideas “científicas” de la época, los prejuicios más burdos, una objetiva consaguineidad por matrimonios endogámicos y un peligro real: la posición de la sociedad de la época ante el enfermo mental. Miriam Rothschild lo explicó con gran sentido del humor:

      “Los Rothschild son una familia verdaderamente incestuosa. Todo el mundo ha creído que se acordaban los matrimonios entre primos para mantener la fortuna familiar intacta, secreta y fácilmente a mano. Es indudable y obvio que había esta ventaja en tales uniones (en la familia se decía —no sin algo de verdadque la dote de las mujeres consistía en acciones sin valor del Ferrocaril de Sudamérica de las que querían desprenderse los varones). Pero en general, la explicación era otra: los primos se enamoraban unos de otros. Los irreverentes sobrinos de Walter decían que sería un sabio el Rothschild que supiera quién era su padre…” 22

      Fue Miriam quien habló públicamente y con cariño de su hermana Elizabeth, “Liberty”, que estudió Bellas Artes y padecía esquizofrenia. En cambio, Victor no la mencionó jamás. El interdicto alcanzó al arbol genealógico de su biografía autorizada, donde los hijos de Charles y Rozsika se distribuyen en Miriam-Victor- 2 hijas más. El otro garbanzo negro es Pannonica, “Nica”, la “Baronesa Jazz”, que escandalizó a Europa y a Estados Unidos, pero, sobre todo, a su encorsetado hermano.

      Evelyn de Rothschild en su homenaje a la muerte de Miriam dice a propósito de este tabú:

     Estábamos unidos también por un asunto muy triste y que nos afectaba mucho a los dos. Miriam tenía una hermana, Liberty, que padecía esquizofrenia y yo tenía una hermana, Ana, que también era esquizofrénica. Era una época en la que no se hablaba de la esquizofrenia. Juntos creamos la Schizophrenia  Research  Fund y, como ha ocurrido con otras muchas enfermedades, sólo es ahora cuando la gente podemos hablar con más libertad de ella. Solíamos discutir cómo y cuándo podría hablarse publicamente de las enfermedades y de los problemas que las personas tenían que afrontar. Miriam trataba del tema de una manera muy directa, casi clínica. Yo creo que era porque tenía una mente científica” 23

      La fundación se creó en 1962. Ni siquiera entonces, Victor, que también tenía una mente científica, tuvo valor para mencionar a Liberty.

      Además de estos casos de esquizofrenia de Liberty y Ana Rothschild, de los transtornos neurológicos de su padre, estaban los rasgos de personalidad extravagante de otros miembros de la familia, a los que, de no haber llevado el apellido Rothschild, se les habría llamado majaretas. En distinto grado, todos los varones Rothschild de la rama inglesa padecían una timidez patológica que les impedía relacionarse socialmente con un mínimo de desenvoltura. El bisabuelo de Victor, Lionel, que financió la compra de Canal de Suez y con ello consiguió ser el primer judío al que se le permitiera tener escaño en la House of Commons (Parlamento),  se mantuvo callado los dieciseis años que ocupó el escaño, incapaz de superar el pánico escénico o los complejos de homo novus. Walter, el 2º barón Rothschild, gran zoologo y político, era incapaz de mirar a nadie a los ojos o de expresarse con un mínimo de aptitud. Walter fue incapaz de casarse por si enfadaba a su madre y pasó su vida angustiado escondiendo a las amantes de la temible anciana. El pavor que le provocaba el gineceo Rothschild le hizo víctima de un chantaje que casi lo llevó a la ruina. El hijo de Victor, Amschel, que terminó también suicidándose, padecía un apocamiento que le ocasionó muchos problemas escolares. Los síntomas obsesivo compulsivos, como el coleccionismo hasta grados absurdos, o las tendencias adictivas, toda vez que eran ricos y no tenían un rechazo social, no le preocuparon a Victor. Todo lo contrario, hablaba de un “gen coleccionista en los Rothschild” con fruición y sin detenerse a pensar en la posibilidad de que fuera algo enfermizo.

      En una personalidad como la de Miriam, la tragedia de la enfermedad vergonzante  era una injusticia contra la que había que luchar; en Victor era un peligro que te hacía vulnerable ante la sociedad. Miriam, al igual que sus hermanas, nunca fue a la escuela y su educación fue poco convencional. Su hermano pasó todo el calvario de escuelas e instituciones que le exigía su condición de heredero y aprendió a temer (y a respetar) los prejuicios de su clase.

      Las teorías de una pseudociencia como la eugenesia son adoptadas, en las primeras décadas del siglo XX, por intelectuales e instituciones académicas, europeas y americanas, con entusiasmo La teoría eugenética casaba perfectamente con los prejuicios e intereses de una sociedad que no estaba dispuesta a cargar con individuos “no aptos” o poco productivos: enfermos mentales, minusválidos físicos, pobres o “degenerados” (homosexuales) y un conjunto heterogeneo de razas, pueblos y minorías. El arquetipo de raza mejorada era el ario. Los fines de estos benefactores son mejorar científica y racionalmente la raza humana para evitar enfermedades hereditarias, sufrimientos innecesarios y superpoblación. Winston Churchill, uno de sus grandes defensores, lo explicó de manera muy clara:

      El rápido y antinatural crecimiento de las clases enfermas y débiles mentales, unido, como está, al constante control de natalidad de todos los grupos ahorradores, energéticos y superiores constituye un peligro para la nación y la raza que es imposible exagerar. Creo que la fuente de la que emana esta corriente de locura ha de ser cortada y sellada antes de que pase otro año (Churchill  a Asquith, 1910, hablando sobre la necesidad de la esterilización forzosa).

      En definitiva, como diría el mismo Churchill, en 1955, muy preocupado por la entrada de gente de color en Gran Bretaña: “Manten blanca a Inglaterra” 24

      De haber sido puesta en práctica las ideas de Churchill o de haber sido internados en algún centro psiquiátrico de US, Bélgica, Holanda o Suecia, los Rothschild  habrían sido esterilizados a la fuerza, como lo fueron millones de enfermos antes de la llegada del nazismo. En sentido estricto, Churchill, cuyos transtornos bipolares y alcoholismo parecen hoy acreditados, tendría que haberse aplicado su propia terapia eugenésica. Supongo que los miembros de la familia Churchill que asistieron a la boda de Victor y Barbara en Tring tendrían sentimientos muy encontrados.

     Desde el anarquismo hasta el conservadurismo, todas las ideologías consideraron la enfermedad mental como un estigma de estirpe, sangre o familia, que había que erradicar o exterminar de una sociedad o raza “sana”. Y muchas veces, las víctimas o sus familiares no denunciaron los crímenes cometidos contra enfermos para no hacer públicos que  su historial “genético” estaba manchado por la locura.

     El caso de Vera Atkins, commander officer y preparadora de agentes del SOE,  presenta muchas analogías, en este aspecto con el de Victor Rothschild. Vera May Atkins, que había cambiado (y anglizado) su nombre real, Vera Maria Rosenberg, para esconder sus orígenes judíos, ocultó que un familiar suyo había muerto en el Holocausto. Los Rosenberg también olvidaron a este pariente.  Sesenta años después el tabú sobre “el primo loco”, Hans Rosenberg, aún seguía vigente:

     “Annie (antigua amiga de los Rosenberg) seguía mirando la fotografía. Creía que el gemelo Rosenberg que no conseguía identificar quizás era George. Hans, se acordaba en ese momento, había sufrido una enfermedad o una crisis nerviosa y había estado internado en algún hospital o manicomio. Creía que la crisis le había sobrevenido cuando estaba estudiando en Munich y nunca había llegado a recuperarse. No estaba segura de lo que había pasado con él, pero había oído que podría haber sido víctima de los programas de exterminio por eutanasia.

      Le comenté que nunca había oído hablar de la historia de Hans. Nadie de la familia (Rosenberg) lo había mencionado. “No es sorprendente —dijo Annie, la enfermedad mental era algo que había que ocultar. Para los Rosenberg ser judío era algo vergonzoso. Así que Hans era considerado una vergüenza doble. Los Rosenberg no querían que nadie supiera que había enfermedad mental en la familia o que eran judíos, así es que ocultaron que tenían víctimas del Holocausto” 25

But in spite of all temptations
To belong to other nations,
He remains an Englishman!
(Sir William Schwenck Gilbert, HMS Pinafore)

      Rozsika, la madre de Victor, decía que Inglaterra era el mejor sitio del mundo para ser judío. Hungara de nacimiento, se asimiló completamente a su nueva patria y luchó de forma inteligente y sin complejos a favor de su pueblo. Victor no se asimiló porque ya era inglés. Sólo a un inglés (no a un británico)  se le ocurriría hablar de "the advantage to be accepted as an Englishman" (la ventaja de ser aceptado como un inglés). En palabras de Cecil Rhodes: "Pregúntale a cualquiera qué nacionalidad preferiría tener y el 99% te dirá que prefiere ser inglés”. El convencimiento  de pertenecer a un pueblo escogido (y superior) es idéntico al que sustenta al judaísmo y llega a provocar la misma perplejidad en foráneos y gentiles. El mismo apego al rito, a las tradiciones, a la insularidad y a su concepto de moral los aisla del resto y los cohesiona: “un inglés cree que es virtuoso cuando está incómodo” (Bernard Shaw); un judío cuando no olvida el dolor en sus momentos de mayor gozo. Incluso los descarriados siguen patrones análogos: el inglés o el judío errante.

      De la misma forma que cumplió con todos los ritos vitales de su religión sin creer en Dios ni en el Diablo, Victor se propuso demostrar su “englishness” repitiendo la trayectoria vital y patriótica de un súbdito de su clase y época. En Harrow correspondía lucir en cricket y Victor se convirtió en un jugador estrella, entre otras razones, para que le permitieran avanzar intelectualmente:

      “Hacia el final de mi estancia en Harrow me convertí en un jugador de cricket bueno, o mejor,  difícil de ignorar: un pasaporte automático a la popularidad que, hasta entonces, me había sido esquiva. Se me permitió incluso dejar de releer una y otra vez la primera lección de nuestro manual de biología y pasar de la ameba a organismos más complejos. Hasta entonces no se me había permitido meter prisas porque mi amigo Pleydell-Bouverie tenía problemas con la ameba o no le gustaba y no se consideraba correcto que, si había dos estudiantes estudiando biología en el grado superior, uno fuera por delante del otro. Estaba claro que semejante cosa habría significado más trabajo para el profesor de Biología D.M. Reid (…). Pero, al entrar en el equipo XI de cricket (…) todo cambió y se me concedió el privilegio de abandonar a  Pleydell-Bouverie con su ameba y pasar al paramecio.” 26.

      Para los continentales que caemos en un sopor ingobernable a los diez minutos de ver el juego, es tan  difícil entender el significado como descubrir masculinidad en un torero, pero lo que el cricket simbolizaba en los años 30 era la pertenencia a una clase y la camaradería de los miembros de una elite que luchan y se sacrifican por el imperio: “The love that never falters, the love that pays the price,// The love that makes undaunted the final sacrifice.”(“El amor que nunca falla, el amor que paga el precio, el amor que arrostra impávido el sacrificio final” Sir Cecil Spring-Rice I Vow to Thee, My Country)

      El cricket ha sido la quintaesencia de lo inglés blanco hasta tal punto que, en los años 90, cuando los equipos británicos tuvieron una mala racha, se publicó un artículo de Robert Henderson que causó un embarazoso malestar  en la nación: “Is it in the blood?” (¿Se lleva en la sangre?). Su autor sostenía que la decadencia del cricket británico estribaba en la mezcla racial que había en los equipos, porque un indio, un negro, aunque hubieran nacido y se hubieran educado en Gran Bretaña, “no pueden sentir como un blanco” y por tanto no podían sentirse ingleses ni luchar con el mismo fervor por su país. La farfolla racista del artículo era políticamente incorrecta, pero reflejaba la opinión de una época de Gran Bretaña y de gran parte de su población blanca 27.

      En Harrow, Victor aprendió los rituales iniciáticos de los cachorros de una clase que se vestían de una forma única (aunque iguales entre sí), hablaban una jerga exclusiva, perpetuaban ritos y ceremonias generación tras generación, eran clasistas, bebedores, matones y racistas. Harrow, que abolió el castigo corporal en 1980, se enorgullece de haber sido el mayor criadero de dirigentes políticos de Gran Bretaña28.

      Los judíos fueron admitidos sólo en mínimas cuotas  a finales del siglo XIX y por razones económicas. El padre de Victor, Charles, recordaba sus días de Harrow como una auténtica pesadilla: ”Si alguna vez tengo un hijo, aprenderá boxeo y ju-jitsu antes de entrar a una escuela, porque la caza de judíos tal y como yo las he vivido son una diversión unilateral y no puede decirse que haya gran simpatía entre los cazadores y el cazado”. Pero dispuso que su hijo fuera a Harrow y éste aprendió cricket, el gusto de pertenecer: a un club selecto y algunos tics de altanería gratuita con el inferior, que veremos a lo largo de su vida, en los momentos de mayor inseguridad.

      Pero su capacidad de adaptación a Harrow y a su englishness fracasó en cuestiones sexuales. Venía curtido de la escuela preparatoria de Stanmore Park, donde lo arrastraron sus padres casi a la fuerza cuando tenía nueve años:

      “Stanmore Park, estoy convencido, era un infierno. El director Vernon Royle era llamado “el Reverendo” aunque no en Órdenes mayores. Era un famoso jugador de cricket (…) R.F.Reynolds era un soberbio lanzador de tiza cuando le molestaba algún niño. Nariz, mejilla y frente eran sus dianas preferidas, en ese orden. Nunca dio a un alumno en un ojo. Su clase estaba en el segundo piso y un día colgó por el pelo, desde la ventana, a un chico llamado Openshaw. Openshaw no gozaba de gran popularidad entre nosotros así es que nos divertimos. Otro profesor D.W. Carr, del que se decía que había inventado los googlies (jugada de cricket) antes que Bosanquet, se emborrachó una tarde e intento quitarle el apéndice con un cuchillo a un chico llamado Cremer. Cremer, que tenía otros problemas en Stanmore Park, se convirtió después en un gran poeta 29.

      “Durante mi primer trimestre expulsaron a once chicos de mi “casa” de Harrow School. No supe la razón entonces, ya que no había recibido adoctrinamiento alguno sobre tales asuntos ni en casa ni en Stanmore. Sin embargo pronto se rellenó esta laguna en mi educación: se trataba simplemente de un hecho o forma de vida que obedecía a una inclinación o circunstancias particulares. Como fui intelectualmente precoz (y no hay dudo que desagradable también), me castigaban a menudo. El castigo solía materializarse en forma de palizasa menudo me las daban los Schilizzis, que también habían llegado a Harrow desde Stanmore por ser descarado o “tener morro” como se decía en aquella época en Harrow. Yo estaba asustado porque las palizas eran muy dolorosas. Un chico llamado Stilwell lo sabía y me amenazó con acusarme de descaro ante el head of the house a menos que consintiera en tener una relación homosexual con él. Me puso tan nervioso este chantaje que di el imperdonable paso de informar a mi house-master, C.G.Pope. Stilwell se metió en unos problemas terribles o lo pareció entonces. Hasta ese momento yo le había desagradado a Mr.Pope, pero después de mi asombroso comportamiento, llegué a ser uno de sus favoritos y a menudo me libraba de las odiosas clases de la mañana (…)

     Uno de los muchos rasgos detestables de la vida de Harrow (que sin duda es ahora mucho más civilizada) eran los “Privilegios”. Costaba tres años, el “privilegio” de poder llevar zapatillas. El suelo helado de piedra de nuestra “house”  nos hacía sabañones muy dolorosos, que, según el ama de llaves se debían a la falta de calcio. Eran  privilegios de tres años silbar (si es que alguien quería), bañarse con agua caliente, o cerrar la puerta del retrete. Como resultado, un chico llamado Usborne no fue al retrete durante un trimestre. Estábamos perplejos por esa hazaña de resistencia, pero yo sospechaba que se aliviaba en la Escuela de Música, que, por su construcción en forma de celdas, era también el cuartel general de actividades homosexuales. Un chico llamado Whidborne minor, que a mí me parecía especialmente guapo, se comportó muy malamente con Hewlett, otro chico mayor que él en la Escuela de Música.  Whidborne le dijo a Hewlett que hiciera con él lo que le pareciera bien. Hewlett cumplió el cometido con entusiasmo e imaginación, por lo que Whidborne empezó a chillar y a gritar que había sido indecentemente violado. Al día siguiente Hewlett abandonó Harrow y se marchó en el tren a Londres de las 4 p.m. A partir de ese momento, por más bello que fuera, Whidborne minor fue tratado con cautela y precaución.”30

      Si Victor se permitió estas páginas contra Harrow no fue por una necesidad de denunciar, medio siglo después, el libertinaje de las public school, sino que contaba historietas ligeramente procaces para distraer al lector de otros puntos focales más conflictivos. Pocos años antes, la fama de Harrow ya había sido arrastrada por el lodo con el descubrimiento de los Diarios de John Addington Symonds por Phyllis Grosskurth, historiadora casada con un agente de inteligencia canadiense conocido de Rothschild, James Mavor Moore. Gracias a los diarios se descubrió las orgías pederastas del respetable académico, teólogo y clérigo Charles John Vaughan, headmaster de Harrow desde 1844 a 1859. Al parecer, a los alumnos más jóvenes de Harrow se les adjudicaba un mote femenino y se les convertía en esclavas sexuales de alumnos mayores y en “prostitutas” al servicio general del claustro docente. El padre de un alumno descubrió las “irrefrenables pasiones” del devoto director y le conminó a renunciar al cargo so pena de hacer público el escándalo. Vaughan así lo hizo y salvó su reputación durante más de un siglo. Curiosamente otro estudioso de Vaughan, Harrow y los colegios privados ingleses, Jonathan Gathorne-Hardy, fue, en su niñez, uno de los “favoritos” de otro pedófilo de fama, Benjamin Britten.

      Rothschild no escribía, en este tema, para la clase alta, que sabía perfectamente lo que pasaba en Harrow o Eton, porque había pasado por sus aulas, conocía por experiencia lo que ocurría y, aun así, seguía enviando a sus hijos, generación tras generación. Escribía para una clase media y estas confidencias a lo Evelyn Waugh era un recurso de captatio benevolentiae exponiendo las vergüenzas de su propia élite. En Meditations, no habla, en cambio,  de las funciones de guardaespaldas que desempeñaba su hermana Miriam, cuando Victor tenía que viajar con el equipo de Cricket de Harrow:

     “Cuando iba de viaje con el equipo de cricket del condado, ella (Miriam) insistía en compartir su habitación de hotel porque creía que un compañero de su hermano albergaba propósitos hacía él” 31

Oz v’hadar l’vushah vatischak l’yom acharon: Ella sonríe al futuro: la fortaleza y el honor son su ropaje.
Eshet Chayil (Una mujer de valor)

      El Eshet Chayil es un himno que concluye los Proverbios de Salomón. Se canta los viernes por la tarde al volver de la Sinagoga, tras haber cantado el "Shalom Aleichem" y antes de la cena del Shabbat. El  poema simboliza la alabanza del hombre judío  a la mujer ideal: enérgica, capaz y justa.

      Victor Rothschild fue criado por mujeres de valor. Al niño inglés de la clase alta o la aristocracia, siguiendo una costumbre que remonta a la edad media, se le separaba de su madre a los siete u ocho años y se le enviaba a un internado para evitar que su personalidad se debilitara o feminizara. En el caso de Victor no existía ese peligro y Stanmore o Harrow fueron árboles más altos desde los que lanzar al guájaro y probar su capacidad de sobrevivencia. Al parecer, las mujeres no detectaron ningún rasgo de debilidad caracterial que pusiera en peligro su estabilidad emocional o vital. El niño era muy inteligente, pero insolente y manipulador. Resolvía solo sus peleas o conflictos escolares con astucia o morro, según le dejaran, pero no corría a esconderse a las faldas de su madre o de su abuela, quienes, con toda seguridad le habrían dado una decidida coz de destete. De haber descubierto alguna anomalía debilitante, como las que afectaron a su padre o a su tío, Emma o Rozsika habrían tomado las riendas de su vida sin dudarlo un momento. A las mujeres Rothschild no se les permitía heredar la dirección del banco y a los varones no se les dejaba elegir su vocación en la vida. En el caso de las mujeres, la discriminación les permitió seguir sus intereses con más libertad. En el caso de los hombres, la presión para que se convirtieran en banqueros dignos de sus antepasados en el mejor de los casos fue una condena inútil,  en el peor, como fue el de Charles, una tragedia personal y científica.

       No sabemos qué enfermedad padecía desde niño Walter Rothschild. No se ha hecho ningún estudio científico sobre su dolencia. Miriam, que escribió una bellísima historia sobre él y su museo, habla de un estudio grafológico que le supone un daño cerebral en edad temprana. Es posible que padeciera una epilepsia neonatal con secuelas en el área de Broca y en el cortex motor, y ello explicaria que Emma hablara en sus cartas de las crisis de “irritabilidad” que dejaban débil y exhausto al niño. Los síntomas y el comportamiento que describe Miriam recuerdan al de un enfermo del síndrome de Landau-Kleffner. En cualquier caso, el tratamiento fue el peor posible. Su madre lo aisló y sobreprotegió toda su vida. Le financió su museo de historia natural en Tring y sus proyectos como una prolongación infinita de la infancia. Walter, que fue un gran zoologo, vivió ahogado por el cariño materno y la indignación iracunda que  provocaba a su padre. Pasó años escapándose del banco o de su escaño en el Parlamento para ir a esconderse en su museo. Cuando murió Natty y heredó el título, se negó en redondo a asumir ninguna responsabiliad en el banco. Charles asumió todas las cargas de la dinastía y abandonó sus investigaciones y sus proyectos conservacionistas en los que fue pionero. En 1916 su enfermedad se agravó y permaneció internado en Suiza tres años. En 1921 tuvo otra recaída y volvió a Suiza otros seis meses. Pasó año y medio relativamente bien, pero en 1923 se suicidó. Es decir, desde los 6 a los 13 años, Victor sólo convivió —y parcialmente porque ya estaba interno en el colegio— dos años con su padre.

      Por tanto, los modelos masculinos más cercanos a Victor eran un tío excéntrico que medía 1’90 y pesaba 140 kg, que hablaba a voces o se sumía en un mutismo absoluto sin razón aparente, y un padre, débil y enfermo que fue delegando paulatinamente sus responsabilidades en Rozsika y murió de forma deshonrosa. Victor rara vez habló de ellos. Para el lector de hoy, la obra de Walter o Charles, incluso sus personalidades, tienen la frescura y la generosidad de un entusiasmo genuino, sin estar bastardeado por engolamientos o pedanterías académicas. Hay una amplitud en sus concepciones científicas y un riesgo teórico que está ausente en los trabajos científicos de Victor, que es un investigador constreñido por el lenguaje, por el miedo a equivocarse (en público) , por la utilidad de su trabajo y por el provincianismo universitario. Estos defectos se agravan en su obra no científica. Su manía por la respetabilidad y el patriotismo, su suspicacia encorsetada  nos evoca más a una señora victoriana defendiendo su virtud  de miradas lascivas. De su infancia sólo presenta una postal típica de su clase:

     “Mis padres, aunque eran liberales políticamente hablando, me parecían estrictos. Mirando atrás, no recuerdo nada de lo que uno esperaría en una casa Rothschild, si ha leído lo que se ha publicado recientemente sobre mi familia.

      Eramos mimados y sometidos alternativamente a una rigurosa disciplina y teníamos poco contacto con nuestros padres. Eran como policías dirigiendo el tráfico: paren, sigan, desvíense. Pero también te podían permitir caprichos y lo hacían (…) Nuestro hogar parecía estar lleno de institutrices y tutores…” 32.

      Pero algunos extractos del relato de Miriam nos dan una idea de la peculiar atmósfera familiar en la que se crió Victor:

      “Mientras Walter estaba enfermo en Suiza, parecía natural que Rozsika y sus hijos se fueran  a vivir una temporada con Emma en Tring. Pero, (una vez muerto Charles) aquello era como una terrible tragedia griega: sentarse a la mesa con Walter enfrente, dormir en alcobas contiguas… todos amontonados en una pesada jaula de oro. En cierto sentido la vida se había convertido en una locura macbethiana, inimaginable para la muchacha despreocupada y pobre que había sido en Hungría. El único sentido que podía darle a su vida era pensar que, en esas circunstancias,  podía ayudar a Hungría a recuperarse de los desastres de la guerra y a ejecutar los deseos de Charles. Además estaban los niños.

      Pensándolo ahora, me parece asombroso que Emma no le pidiera a Walter que cambiara el dormitorio que había ocupado desde su niñez (separado del apartamento de su madre sólo por unos escalones) por cualquiera de los veinte dormitorios vacíos que tenía Tring con cuarto de baño y despacho. O por qué Walter no había ocupado lo que se llamaba “el ala de soltero” del edificio, que era una especie de casita independiente, con salida al jardín y a la biblioteca comunal, donde leían Walter y Emma antes y después de las comidas. En cierta sentido, Emma vivía en el pasado y Walter  —que se aferraba a las costumbres con tenacidad insuperable se asía al confort tranquilizador  y familiar de sus viejos cuarteles y le era indiferente el ruido que hacían los niños corriendo por los pasillos o el cuarto de baño que compartia con ellos y que  tenían permanentemente inundado.

    Sin embargo, en 1916, Emma decidió que, pasara lo que pasara, Walter tendría un lujoso cuarto de baño propio, equipado, por razones de seguridad, con una bañera gigante semienterrada en el suelo. A pesar de estas precauciones, un buen día Walter se escurrió y cayó sobre el borde. Presa del pánico tocó el timbre de alarma. Para cuando el valet descubrió a qué cuarto correspondía el timbre en el cuadro general y hubo bajado los tres pisos, Walter había recobrado la compostura (…)
     —
“¿Se encuentra bien,  milord?
   —“Perfectamente, Woods. Es que he perdido mi centro de gravedad en la bañera”
   —
“Muy bien, mi Lord –replicó respetuosamente Woods- me encargaré de buscarlo después”

     (…) Pero, sin cuarto de baño o con él, Walter se agarró pertinaz a sus viejos cuarteles en el piso de los niños. Por si fuera poco, dormía con la puerta abierta y los tremendos ronquidos recorrían los corredores como las gigantescas olas de una playa atlántica, asombrando a los niños que apenas podían creer que una sola persona  pudiera engendrar  tan sobrecogedora tormenta de truenos. Les asustaba tanto Walter que sólo se atrevían a asomarse al cuarto cuando él ya había bajado 33.

      Victor solía reírse de su tío, pero cuando intentaba tener una relación más cercana, discutiendo de asuntos científicos34, era interceptado por su abuela o por su madre, que consideraban a Walter un mal ejemplo para el heredero:

      “Rozsika tenía no poca culpa en la ausencia de comunicación entre Walter y los niños. Tenía una actitud ambivalente: por un lado consideraba que Walter podría ejercer una mala influencia en su hijo y disuadir a Victor de que trabajara en New Court (el Banco ) (…); por otro lado, pensaba que Walter una responsabilidad suya, heredada de Charles y un hombre que necesitaba cuidados y apoyos y Rozsika disfrutaba ejerciendo la autoridad” 35.

      Por tanto, hasta ahora, los testimonios fiables de estos años esbozan a un joven Victor, con inquietudes intelectuales algo definidas, sin un ápice de rebeldía, en un matriarcado un tanto asfixiante, sin amigos íntimos, y preocupado por abrirse paso en unos círculos de élite y en una sociedad donde el antisemitismo va creciendo exponencialmente. Ni en su autobiografía ni en el relato de Miriam vemos que al niño o al adolescente le despertaran simpatía, cariño o lástima los débiles, ni de su familia ni de su colegio. Tampoco hay signos de indignación ante la injusticia, ni la que pueda sufrir en carne propia ni la que observa en otros. La única vez que se subleva, cuando un alumno de Harrow le exige relaciones sexuales, lo hace denunciando y recurriendo a la autoridad superior.

      Es una personalidad que acepta la estructura jerarquica de la sociedad de su tiempo y se valora a sí misma por su triunfo en ella. Este patrón de comportamiento lo repetirá a lo largo de su vida y en circunstancias muy diversas. Un ejemplo muy ilustrativo es su relación con Royal Society, que había despreciado sistemáticamente a su tío Walter por antisemitismo y porque consideraba heréticas  su obra y su visión innovadora de las Ciencias Naturales. Charles, un carácter aparentemente más débil que el de Victor, no olvidó esta ofensa a su hermano y rechazó , años despues, el ofrecimiento que se le hizo para ingresar en ella. Victor, en cambio, no olvidó ocasión en la que poner las siglas FRS (Fellow Royal Society) al lado de su nombre y aceptó finchado y encantado el ingreso en un círculo que había insultado a su apellido. Esta vanidad, denota una debilidad grave en un agente de inteligencia y significa que el sujeto puede perder el control o romperse cuando ve en peligro su reputación o imagen social. Veamos en una cata biográfica algunos casos de este fallo:

      El Director General del MI5  da una fiesta en Hayde Park Hotel para celebrar la condecoración de  C.B.E que se ha otorgado a Guy Liddell:

      “La mayoría de la gente estaba bastante bebida, en particular Tin Eye que puso una nota bastante siniestra en su discurso refiriéndose a cierta gente que, en contraste conmigo, iban dándose aires sin ser militares de verdad. Más tarde Victor lo interpeló y, en un instante, pareció que iba a empezar una pelea. Haciendo su característico gesto con las manos, Tin-eye le dijo: ”Te voy a dar un guantazo” a lo que Víctor contesto que tuviera quietos los Palethorpes (salchichas). En ese momento, se arrimó el D-G evidentemente interesado en avivar el fuego. Tampoco ayudó mucho Horrocks que enumeró su hoja de servicios bélicos, pero la discusión se hizo tan incoherente que la fiesta se disolvió sin ningún incidente serio.” 36.

      Este incidente, aparentemente sin importancia, ocurre pocos días después de que Rothschild haya arriesgado su vida desactivando unas bombas trampa en Kettering. La misma persona capaz de demostrar una absoluta sangre fria en circunstancias extremas se deja provocar por el menosprecio de un colega borracho, colega con el que tiene que compartir y al que tiene que sonsacar información vital sobre interrogatorios a nazis.

      Chaim Weizmann cuenta una anécdota que revela hasta qué punto vivía Victor pendiente de la opinión general:  Una de las terribles noches del Blitz, Weizmann descubrió a Victor en los sótanos del Hotel Dorchester (considerados uno de los más seguros de Londres) intentando calmar a sus tres hijos, Sarah de 6 años, Jacob, de 4,  y Miranda, de meses, del terror que les provocaba el bombardeo. Weizmann le pregúntó por qué no había enviado a los niños a Estados Unidos. Rothschild le contestó: “Por su puñetero apellido de diez letras. Si los enviara allí, el mundo entero diría que 7 millones de judíos son unos cobardes”37. Echó a las espaldas de tres niños la reputación de millones de correligionarios, de la misma forma que se desvivió por demostrar que él era la antítesis de la caricatura del judío: tacaño, cobarde y sin fortaleza física.

      El miedo a ser tachado de antipatriota tenía sus antecedentes más inmediatos en la Primera Guerra Mundial. Aunque en ella lucharon, en el lado británico, 50.000 soldados judíos y cayeron 10.000, a pesar del papel decisivo que tuvo la Legión Judía en Palestina y Gallipoli, en 1916, con la ley del servicio militar obligatorio, que significaba el reclutamiento forzoso para la guerra, el contingente de judíos inmigrantes de Rusia o el Este empezó a suscitar una general hostilidad, ya que eran tachados por la población como una carga nacional, que no se sumaba al esfuerzo de la guerra, robaba puestos de trabajo a los nacionales y constituían un auténtico peligro para la seguridad nacional. A partir de junio de 1916, los judíos rusos que no se alistaran en el ejército británico podían ser repratriados sin posibilidad de retorno. Con la revolución rusa de octubre de 1917, todo judio ruso que viviera en territorio británico, si no estaba en el ejército, fuera cual fuera la razón, podía ser confinado en un campo de concentración, o deportado  y era objeto constante de vigilancia por la policía y la población.

      Al antisemitismo se sumó el odio al extranjero y por extranjero se entendía cualquier individuo que no pudiera acreditar orígenes británicos por varias generaciones. Una de las razones por la que la madre de Victor no acompañó a su padre a Suiza, a pesar de lo enfermo que se encontraba, fue el temor a no ser admitida de nuevo en Gran Bretaña, a pesar de que tenía la nacionalidad. El Council of Tring, que tenía a los Rothschild como miembros fundadores, aprovechó una ausencia forzosa de Walter y aprobó la moción de que todos los “extranjeros” (esto incluiría a la abuela y a la madre de Victor) tendrían que ser encarcelados o expulsados del país 38.

      Por tanto, Victor ya sabía cómo las gastaban sus compatriotas en tiempos de guerra. A las más mínima señal de debilidad guerrera, él y su familia serían los judíos húngaros que infestaban el país. Si hay que ser  ecuánimes, igual trato recibieron muchos niños pobres ingleses que, durante los bombardeos, fueron evacuados  de Londres y acogidos por familias, que los maltrataron o los devolvieron porque llegaban en un estado poco presentable 39.

      Es digno de notar que, interpelado por Wiezmann, Victor no alegó que quería  dar ejemplo y ánimo a otros judíos que habían tenido que dejar a sus familias en Londres (entre otras razones porque nadie los quería acoger), de la misma manera que la reina había permanecido junto a sus súbditos durante los peores bombardeos. Era una elección clara: prefería ser cola de león a cabeza de ratón, optaba por su función de ejemplar “civil servant” del establishment a líder de la comunidad judía inglesa.

      En sus intervenciones públicas en favor de los refugiados o de la suerte de los judíos en Palestina, Victor habló de la tragedia del régimen nazi o del Holocausto, pero nunca mencionó la realidad de la mayoría de sus compatriotas judíos. Hablaba de los Montefiore o de su parentesco con Lord Rosebery. El East End, con sus miles de judíos malnutridos, enfermos y malviviendo en la explotación, no estaba en la órbita de sus preocupaciones. Eran judíos sin asimilar, llegados en oleadas de Rusia y el Este, huyendo de pogroms, aferrados al yiddish, a sus tradiciones e incapaces de salir de la miseria. Su bisabuelo Lionel, su abuelo Natham  consideraron un deber moral ineludible acoger y ayudar a estos desgraciados, al igual que, en Francia, su primo Henry dedicó su trabajo como médico y su fortuna a mejorar la salud de los habitantes de los barrios obreros y la nutrición infantil de los estratos más pobres. En los años 30, Rozsika o Miriam hospedaron refugiados, les proporcionaron médicos, medios, consejos. Victor dio en su favor espléndidos donativos, pero siempre tras el parapeto de su distanciamiento emocional.

      El miedo al rechazo social le hizo cometer errores gravísimos en su vejez. En su momento analizaremos sus reacciones torpes, poco medidas y desatinadas ante el escándalo de los espías de Cambridge. Para cualquier persona en su posición y con su poder, el asunto se habría solucionado por puro agotamiento y falta de pruebas y por el simple método de dejarlo pasar. Pero Victor entró en pánico y, sin detenerse a analizar lo que fue una operación de contrainteligencia, copia de muchas en las que él había participado, intentó  acallar las filtraciones y difamaciones con tal impericia que les dio una resonancia de la que habrían carecido, si se hubiera estado quieto.

Eliah Meyer,  fragmento de "Smog in the eyes": Informes inclasificables del espionaje inglés.                                                   

NOTAS

1  “Incluso bajo el aséptico régimen del Dr. Norwood, la belleza byroniana de Victor despertaba la atención, aunque, como el poeta de Harrow, tenía tendencia a engordar” (Kenneth Rose, Elusive Rothschild, p. 31).

2   Rose, pp.158-159.

3    Nov 4. London.—Miss Barbara Hutchinson, engaged to marryVictor Rothschild, heir to Lord Rothschild, is converted to Orthodox Judaism. The American Jewish Year Book 5695

4   Gerald Durrell, Una educación de élite.

5   Las relaciones de Mary con los Huxley las comenta in extenso Nicholas Murray en su biografía Aldous Huxley: an english intellectual , gracias a cartas y documentos no accesibles hasta ahora. "This extraordinary triangulation" llama Murray al ménage à trois.

6  Alan Hodgkin, Chance & design: reminiscences of science in peace and war, p.308. Confesiones de Barbara a Marni Hodgkin.

7   Y lo deja escrito para la posteridad  en Ramdom Variables, pp.73 y sigs.

8  Recogido por Sydney Mail 17 enero 1934, p.173: All interesting wedding was that of Mr. Victor Rothschild. 23-year-old heir to the Rothschild title The cere­mony took place at Tring Park. Lord Rothschild’s country seat, and every pos­sible precaution was taken to prevent gate-crashing. Each guest had a specially printed card of admittance, which was scrutinised by a policeman at the gates. When satisfied he gave a signal to the lodge-keeper, who opened the gates from the inside by turning a wheel. The house­hold staff and gardeners were all sworn to secrecy regarding the arrangements The bride. Miss Barbara Hutchinson, daughter of Mr. St. John Hutchinson, the Recorder of Hastings, drove up three- quarters of an hour before the ceremony and changed into her wedding dress of white velvet in the house. Uneasy lies Uneasy lie> the head that wears a crown, perhaps, but it´s  scarcely more uneasy than the head that calculates in miliums.”

9  Vid. Un buen análisis de la cuestión en Miriam Rothschild, Walter Rothschild, The Man, the Museum and the Menagerie, pp. 253 y sigs.

10  Para una informción más detallada, vid. la edición de Michael y Eleanor Brock de las cartas de H.H. Asquith, Letters to Venetia Stanley.

11  Naomi B. Levine, Politics, religion, and love: the story of H.H. Asquith, Venetia Stanley ...pp.706 y sigs. Donde puede entenderse la trama de intereses sociales y crematísticos que subyacía bajo la calculadora promiscuidad de Venetia. Por otro lado, Max Aitken, Lord Beaverbrook, solía ser muy generoso con las amantes casadas con varones cercanos o en el poder. Venetia le transmitía regularmente información de carácter confidencial. En el caso de Diana Cooper, la recibía del mismo Duff, que también aceptaba gustoso las invitaciones del magnate de la prensa.

12  “1933  julio 31  London.—Several influential Sunday newspapers laud the Hitler regime in Germany in special articles: Lord Beaverbrook’s Sunday Express compares Hitler to President Roosevelt for fighting against unemployment; Lord Rothermere’s  Daily Mail features a despatch by the former German Crown Prince, lauding the Hitler program; the Sunday Referee publishes an article by Paul Joseph Goebbels, German Minister of Propaganda, entitled "Perish the Jew;"..” recoge preocupado The American Jewish Year Book 5695. El pasado pronazi de Beaverbrook, ministro de Churchill en la Segunda Guerra Mundial, está aún poco estudiado.

13 Vid, la excelente selección de perlas racistas de V.Woolf que recoge Lara Trubowitz , Concealing Leonard’s nose:Virginia Woolf, modernist antisemitism and "the Duchess and de Jeweller"

14  Era prima de Clemmentine, la esposa de Winston Churchill.

15  Duff Cooper también era amigo de varios familiares de Victor, como Henry y Anthony de Rothschild.

16  Carta a Sylvia Henley, en  Letters.., p.600

17  Winston Churchill ,“Zionism versus Bolshevism” Illustrated Sunday Herald, February 1920 

18  Time, 20 august, 1934

19  Lord Rothschild, Meditations of a Broomstick, p.13

20  Rose, 59-60. El discurso ha servido para que los mismos loros que repiten el origen de la fortuna de los Rothschild en la especulación del resultado de Waterloo, repitan que Victor era antisemita(¡!).

21  Vid. Miriam Rothschild, op. cit. p.287

22  Miriam Rothschild, op. cit. P.9

23  Sir Evelyn de Rothschild, Remembering Miriam

24  The Macmillan Diaries: The Cabinet Years, 1950-57 (Macmillan, 2003), p. 382.

25  Sarah Helm, A life in secrets, p.165

26  Meditations., p.16

27  Ben Carrington,Ian McDonald ’Race’, sport, and British society, pp. 121 y sigs.

28  Christopher Tyerman, A history of Harrow School, 1324-1991

29  Meditations, p.12

30  Meditations, pp. 13-14

31  Rose, p.33

32  Meditations. p.12

33  “En una ocasión Emma, que ya tenía ochenta años, se despertó y, en la tenue y rosada luz de su lamparilla de noche china, vió a Walter a los pies de la cama, con su inmaculado pijama de seda pura.
“Mamá anunció Walter con gran agitación, me he envenenado”
    Emma encendió la luz. Cuando estaba en cama, sin su tupé, sin su dentadura maravillosamente realista y envuelta , casi sumergida en un enorme y viejo camisón de franela, parecía muy avispada y frágil.
A mí me parece que te encuentras remarcablemente bien, Walter, a no ser que hayas tenido una pesadilla.
“En absoluto, susurró Walter. Uno de los faisanes destinados al museo se perdió y ya sé lo que ha pasado. Esta noche hemos cenado faisán. El líquido conservante es de lo más tóxico. Tengo dolor, mamá. Estoy seguro que me he envenenado.”
— “Entonces nos hemos envenenado los dos, porque yo también tomé un filete de esa ave y estoy muy bien, gracias. Mañana te encontrarás mejor”
    Walter estuvo meditando largo rato y después dio media vuelta y se marchó mansamente a la cama.”
Miriam Rothschild, pp. 288 y sigs

34  “El abismo generaciónal no disminuyó con el tiempo. El sobrino de Walter (Victor), que entonces estaba en Harrow, empezó a mostrar interés por las Ciencias Naturales y le gustaba pinchar “al viejo” en la cena con temás polémicos. Una noche empezó a discutir sobre evolución con algunas afirmaciones deliberadamente provocadoras. Walter cayó en la trampa y contestó con un bramido y, con el calor de la discusión, empezó feliz a berrear una explicación didáctica. Emma que, a sus ochenta años, estaba un poco sorda y abstraída en las comidas, le cortó con sequedad: “Walter, no hables tanto y cómete las alcachofas” (Ibid., p.292)

35  Miriam Rothschild, p.291.

36  Liddell, 16/02/1944. Catalogue Reference:KV/4/193

37  Frederic Morton, The Rothschilds: Portrait of a Dynasty.p. 9.

38  Miriam (p.244) relata varios casos de cerrilismo patriótico que afectaron también  a amigos de la familia Rothschild: la mujer del ornitólogo Ernst Hartert, de origen alemán, fue apedreada en la calle por extranjera, el mismo día en que recibió la noticia de que su hijo, inglés, soldado del ejército británico, había muerto en acción.

39   Testimonio de una niña judía británica:
    “La mayoría de nuestros viajes al campo no eran agradables ni entretenidos. A la gente se les pagaba para que dieran alojamiento y comida a los evacuados de Londres, pero no les gustábamos. Iban a la estación de tren cuando llegábamos y elegían la familia que iban a acoger. No les gustaban los gordos por si comían mucho. No les gustaban los judíos por todas las cosas espantosas que se suponía que eran. Y nosotros éramos judías. Mi madre me había cosido un estrella de David pequeñita a mi camiseta para que me diera buena suerte y me mantuviera a salvo. Una noche, la dueña de la casa entró en la habitación mientras mi madre me bañaba y vio la estrella de David. Se puso histérica. Nos dijo que nos marcháramos de la casa, gritando que habíamos “contaminado” todo lo que habíamos tocado, sus platos, sus cuchillos, sus tenedores y el mismo aire (…) Pasamos la noche sentadas en un banco de la estación esperando el tren de la mañana para volver a Londres”

     Vid. etiam
http://www.bbc.co.uk/ww2peopleswar/stories/23/a1061623.shtml

Otros artículos del autor:

* DOSSIER EUGENESIA (I)

DOSSIER EUGENESIA (II)

*EXPERIMENTOS CON ARMAS QUÍMICAS Y BACTERIOLÓGICAS. PORTON DOWN: GASEADOS POR LA PATRIA

* IN MEMORIAM: TOMÁS HARRIS, ESPÍA, INGLÉS, PERISTA, TRAFICANTE, EXPOLIADOR DE OBRAS DE ARTE, COMPINCHE DE ANTHONY BLUNT Y TUTOR DE JUAN PUJOL, GARBO

* DIARIOS DE GUY LIDDELL, DIRECTOR DE CONTRAINTELIGENCIA DEL MI5 DURANTE LA 2ª GUERRA MUNDIAL

* HUNGRIA: EL RESURGIMIENTO DEL NAZISMO FINANCIADO POR LA UNIÓN EUROPEA

NÚREMBERG: VENCEDORES ENAMORADOS DE VENCIDOS

THIERRY MEYSSAN Y NICOLAS SARKOZY: DE PUTA A PILLO

VICTOR ROTHSCHILD. ABSTENERSE CONSPIRANOICOS

30/06/2011 06:00. Editado por Gatopardo enlace permanente. ELIAH MEYER

Comentarios > Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.







Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

Temas

Archivos

Enlaces

Bitacoras.com

TOP Bitacoras.com para México


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris