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ROMANCE DE GRIFOS LOMBARDO

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 24 GRIFOS LOMBARDO

Preso le llevan al conde,
    preso y bien encadenado;
no por robos que haya hecho,
   ni por hombres que ha matado,
por forzar una doncella
   en camino de Santiago.
La romera era de casta,
    al rey se había querellado:
—¡Justicia, señor, justicia,
   por hacer condes villanos!—
Como era hija de un duque,
   sobrina del Padre Santo,
como era de alto linaje,
   con un gran emparentado,
sin hacer apelación,
   a muerte le sentenciaron.
Le llevan a cárcel honda,
   donde cristiano no ha entrado,
allí le cargan de grillos,
   con esposas a las manos,
una cadena al pescuezo
   que cierran siete candados,
el cabo de la cadena
   en la cama del rey Carlos;
de día le guardan veinte hombres
   y de noche veinticuatro.
Con el peso de los grillos,
   se iba el conde meneando:
—¡Si tuviera aquí mis armas
   y mi ligero caballo
y a mi sobrino don Golfo,
   mi sobrino y mi regalo,
se me diera de vosotros
   lo que huella mi zapato!
¡En estas noches de luna,
   no duermas, Golfo, confiado!—
A eso de la media noche,
   ya lo sacan al tablado;
por calles de su sobrino,
   grandes voces iba dando:
—¡Váledme, sobrino mío,
   por el pan que vos he dado;
si de ésta no me valéis,
   mañana estaré ahorcado!—
Don Golfo estaba dormido,
   con doña Sancha a su lado;
anillo de sueño tiene,
   su mujer se lo ha echado.
—¿Que es esto, la mi mujer,
   estas voces que oigo dando?
—Dormíos, señor, dormíos,
   perros son que van ladrando.—
De media noche hacia el día,
   don Golfo se ha despertado.
—Has de saber, mujer mía,
   que yo mal sueño he soñado,
que a mi tío don Leonardo
   a la horca lo han llevado.
—Es cierto, dueño querido,
   es cierto, dueño adorado,
que a la cantada del gallo
   por aquí pasó gritando,
las voces que por ti daba
   al cielo iban aclamando.
—¿Ahora me lo dices, perra,
   ¿cómo no me has despertado?—
Se levantó de la cama,
   de puñaladas le ha dado.
Sin poner pie en el estribo,
   ya se puso de a caballo;
las herraduras dan lumbre,
   las piedras quedan temblando;
cuando va por tierra llana,
   nadie le va divisando;
cuando subía los tesos,
   corre que parece un galgo.
Cuando llegó al terrero,
    ha visto el tablero armado;
al llegar junto a la horca,
    halló a su tío ahorcado:
—Los pies te beso, mi tío,
   por que a las manos no alcanzo,
que quien te besa los pies,
   mejor te besa la mano;
de aquí te hago la venia
   de encima de mi caballo,
de aquí te hago la venia
   porque a tu rostro no alcanzo.
Antes que sea de día,
   mi tío, seréis vengado.—
Con la punta de la espada,
   los cordeles ha cortado,
ha bajado de allí el cuerpo
   y a la iglesia lo ha llevado:
—Tomad, frailes, este cuerpo
   y dadle sepulcro honrado,
que, aunque lo veáis así,
   era de grandes hidalgos.—
En el medio del camino,
   siete condes ha encontrado
—¿A dónde van, los señores,
   a dónde van tan armados?
— Vamos todos a la fiesta,
    vamos a ver el ahorcado.—
—¡Vengan carneros lanudos,
   para irlos trasquilando!—
Se iba metiendo por ellos
   como segador por prado,
iba cortando cabezas
   como manzanas en árbol.
El rey desde su castillo
   todo lo estaba mirando:
—¡Oh, don Golfo, oh, don Golfo,
   no hagas tantos estragos:
matásteme siete condes,
   lo mejor de mi reinado!
—¡Baja de ahí, rey cornudo,
   baja de ahí, rey malvado,
baja de ahí, rey cornudo
   y contigo haré otro tanto;
como estás a la ventana,
   hablas como un papagayo!
De una hija que tenías,
   yo me he ya bien vengado,
por haber sido traidora
   y no haberme despertado.—
El rey se le presentó,
   con la corona en la mano:
¡La paz tengamos, don Golfo,
   don Golfo, la paz tengamos;
los muertos están allá
   y los vivos aquí estamos!.

      Según el benedictino fray Francisco Sota, en sus días (1681), este romance lo cantaba “la jubentud de Asturias de Santillana, en sus vayles y danças”, con el comienzo “Preso le llevan al conde / preso y mal encadenado”. Con ese comienzo, lo recogimos aún en 1948 Álvaro Galmés y yo en las mismas “Asturias de Santillana”.

      La documentación antigua del tema es muy deficitaria. Un Pliego Suelto de los primeros decenios del siglo XVI divulgó, en forma impresa, un texto trunco, inhabilmente rematado con un final “feliz”, en que se da cuenta de que el forzador se va a casar con la exdoncella. Y ése es el texto que conocieron y reprodujeron los cancioneros de romances. Otra versión, igualmente fragmentaria, se canta, como alusiva a las desdichas del protagonista, en la comedia histórica “La romera de Santiago”, representada en 1622 o 1623 en el cuarto de su majestad la reina. La comedia parece ser de Luis Vélez de Guevara. Los dos textos fragmentarios, el del Pliego Suelto “para tañer con vihuela”, en que se cuenta la prisión y condena del conde Griffo Lombardo, impreso en el s. XVI, y el cantado sobre las tablas, con acompañamiento de guitarra, en 1622/23, sobre la prisión y condena del conde don Lisuardo, no tienen en común sino un solo dieciseisílabo: “porque forzó una donzella camino de Santiago” / “porque forzó una romera camino de Santïago”. Sin embargo, la tradición oral de Canarias, de los gitanos de Andalucía, de Portugal, de Galicia, de Asturias, de León, de Cantabria y de los judíos sefardíes de Marruecos nos asegura, con su unánime testimonio, que los dos textos son dos variantes de un mismo romance y que los motivos que constituyen uno y otro relato formaron parte de la misma narración.

      El sistema de códigos y valores en que el romance se fundamenta, junto con la onomástica de sus principales personajes (Griffon y Wulf, en castellano “Golfo”) nos sitúa a sus antecesores en el mundo épico-feudal transpirenaico, más bien que en el “histórico” peninsular, como creía Sota.

      Aunque, como acabo de decir, el romance, en esta su forma original, conservaba en pleno siglo XX una amplia difusión geográfica, su vida tradicional era ya, en todas partes, un tanto precaria, pues pertenecía sólo al repertorio romancístico de muy contados cantores.

      En un área compacta, que se extiende desde Lugo hasta Cantabria, el romance ha tendido a ser reemplazado por una refundición del tema (“El conde Miguel de Prado”) influida por los romances modernos de “guapos”; en esa refundición, el “sobrino” del conde preso es reemplazado por un primo, llamado Bernardo, quien está jugando a los naipes con el rey cuando se entera de que están ajusticiando a su primo y acude a tiempo para llegar a descabezar al verdugo, dar una patada a la horca y salvar al forzador.

Diego Catalán,  publicado en Romancero de la Cuesta del Zarzal

17/08/2011 12:56. Editado por Gatopardo enlace permanente. DIEGO CATALÁN

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