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EL MANGANTE CÉSAR GÓMEZ RIVERO Y LOS SANDIOS HONORIS CAUSA EN EL NEGOCIADO DE CULTURA

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I. La Geographice hyphegesis, Geographia o Cosmographia de Ptolomeo Claudio.

      La Cosmografía de Ptolomeo, ( escrita hacia 160 dC) es el tratado científico sobre geografía que impera en la cultura europea durante quince siglos. Ptolomeo aporta a la historia de la cartografía el concepto y técnicas de la proyección , coordenadas y listas topográficas. Su concepción del mundo es la que preside las obras de Bocaccio, Chaucer o Alfonso X o la aventura de Colón, de la misma manera que su concepción del universo, expresada en la Megale Syntaxis tes Astronomias o Almagesto, prevaleció hasta Copérnico y Kepler.

      Ptolomeo escribió en griego la Geographice hyphegesis (que fue llamada Geographia o Cosmographia en sus traducciones al latín). La obra consta de ocho partes o “libros” cada uno de los cuales dedica a un tema (construcción de mapas, las partes del mundo conocido, etc.). La obra, se dice, iba acompañada de 27 mapas y un mapamundi, que son los que forman el “canon de mapas ptolomaico”.

      Los manuscritos griegos sufren los avatares de los ultimos tiempos de los Paleologo y del Imperio Bizantino. Es un filólogo bizantino, Manuel Crisolora, que cambió este nombre por el de Máximo Planudes, quien trae un ejemplar a Florencia hacia 1297, cuando es llamado por Palla Strozzi para que enseñe griego. Planudes, ya entonces, se queja del enorme esfuerzo y dificultad que había supuesto encontrar este manuscrito y, para celebrar el hallazgo, compone unos hexámetros. Por los comentarios de Planudes a este manuscrito (conservado hoy en la Biblioteca Vaticana, Vat. gr. 177) sabemos que este ejemplar no tenía mapas y Planudes adjuntó un rudimentario mapamundi, que confeccionó siguiendo las indicaciones de la obra ptolomaica.

      Por ello, hoy se alberga serias dudas de que el conjunto de mapas incluidos en los manuscritos y ediciones posteriores sean copias derivadas de los mapas ptolomaicos “originales”. Más parecen mapas que aplican las técnicas cartográficas y topográficas de la Cosmographia. La traducción del manuscrito griego fue llevada a cabo, hacia 1406, por un discípulo de Crisolora: Jacopo Angelo da Scarperia. A partir de aquí, se hallan manuscritos de esta obra en todas las cortes y reinos europeos, unos con mapas y otros sin ellos..

II Incunables de la Cosmographia de Ptolomeo.

      Se llama “incunables” a aquellos libros compuestos entre 1453 (invención de la imprenta) y 1500. Durante estos 47 años de “infancia” los libros conservan unos rasgos heredados de la composición del códice humanista y renacentista (por ejemplo, abreviaturas, colofón, ornamentación artesanal...) y van incorporando innovaciones como la ilustración xilográfica, los grabados, la simplificación de las letras y las marcas tipográficas y editoriales. Cada edición representa una concepción distinta de la obra y una firma de la labor artesana y artística del impresor/editor. De ahí la importancia de describir todos los elementos que caracterizan cada edición.

      Los incunables de la Cosmographia se distribuyen en 5 ediciones, cuatro italianas y una alemana. Todas, menos la de 1475, tienen mapas. La edición alemana de Ulm tiene una técnica de elaborar los mapas diferente a la italiana: en Ulm se prefiere la xilografia (o grabado en madera); en Roma se opta por una técnica relativamente novedosa, el grabado en cobre a punta seca

       - Edición de 13 de septiembre de 1475. Vicenza: Hermannus Liechenstein, interprete Iacobo Angelo ( esto es : impreso en la ciudad de Vicenza por Hermann Liechenstein con traducción al latín de Jacobo Angelo).
      - Edición de 1477. Bologna, Dominicus de Lapis. Interprete Jacobo Angelo . Tiene 1 mapamundi y 26 regionales a doble hoja.
      - Edición de 1478. Roma, Arnoldus Buckinck. Interprete Jacobo Angelo, ex emendatione Domiti Calderini. Contiene un mapamundi y 26 mapas: 10 de Europa, 4 de Africa y 12 de Asia. Las mismas planchas de los mapas se emplearon para las ediciones de 1490, 1507 y 1508. Que se sepa, hay sólo 38 ejemplares en el mundo., uno en la Academia de la Historia, en Madrid.
      -1482 Ulm, Lienhart Holle, Además de la técnica de la xilografia, esta edición se singulariza por tener un mayor número de mapas (38) y porque el mapamundi, grabado y firmado por Johannes Schnitzer de Armsheim, aunque sigue el modelo ptolomaico, añade tierras del norte de Europa (Groenlandia y Escandinavia), cuyos mapas se añaden al “canon” original. Marca característica del grabador es que invierte las enes para reconocer la autenticidad de las copias. Hubo reediciones de esta obra en 1482 y en 1486. Esta considerada, por la belleza de sus tipos y la de sus mapas, como uno de los libros más hermosos jamás impresos. Se supone que quedan unos 120 ejemplares en todo el mundo.
      -1490 Roma, Petrus de Turre, 1490 . En esta edición se utilizó, para imprimir los mapas, las mismas planchas que la edición romana de 1478, cuya precisión y belleza eran muy superiores a la edición de 1477. Característico y único de estos mapas son los tipos romanos, de gran belleza, que se consiguieron, no grabándolos con buril, sino agujereando la placa con punzón

      Es decir, desde el siglo II hasta que aterrizan en el Ministerio de Cultura Carmen Calvo y, en la Biblioteca Nacional, Rosa Regas, la Cosmographia de Ptolomeo es un pilar de la historia de la cultura occidental y sus códices, manuscritos, incunables y ediciones representan un valiosísimo legado de la historia del arte. Esta pareja de ignorantes se han permitido derivar los presupuestos destinados a conservar tesoros artísticos como éstos para parties y mamarrachadas.

III. La Cosmographia de Ptolomeo Claudio (Ptolomaeus Claudius). Ejemplares que existen en la Biblioteca Nacional de España.

      1. Edición de 1475

      De esta edición existe un ejemplar con signatura: Inc/1337. (Signatura es una combinación alfanumérica que indica la “matrícula” o colocación del ejemplar. En este caso, Incunable, nº 1337).

      2. Edición de 12 julio de 1482.

       De esta edición hay un ejemplar con signatura Res/255 (es decir Reservado, nº 255. Teóricamente este ejemplar requeriría la autorización del Director de la Biblioteca para ser consultado).

      El Res/255, según consta en la pagina web de la BNE, contiene,”en el libro VIII, 27 mapas a doble página y a página entera coloreada” y un total de 38 estampas. Entre ellas un mapamundi grabado por Johannes Schnitzer de Armsheim (es decir, Johannes, tallista de Armsheim, ciudad alemana en Renania-Palatinado).

      El nombre del insigne grabador de mapas, retratado por Schongauer, se ha transformado, en manos del analfabeto responsable de la ficha bibliográfica de la Biblioteca Nacional en Johannes von Armszheim. Esta luminaria de la biblioteconomía dice: “El mapa mundi lleva la inscripción: Insculptum est per Johannê Schnitzer de Armszheim”. Si miran esta inscripción, en la parte superior centrar del mapamundi, verán que dice “Armβheim”, o sea la grafía alemana para s sorda. No contento con la burrada paleográfica, traduce al alemán el nombre: “Johannes von Armszheim” y así se ha catalogado; cuando lo correcto sería: Johannes Schnitzer aus Armβheim o Armsheim. La gracia ha hecho desaparecer de los ficheros y catálogos de la Biblioteca Nacional a un artista de fama universal. O sea, que si les interesa este grabador, acudan a cualquier sitio que no sea la Biblioteca insignia de la nación, porque, en ese negociado, no se le conoce.

      Edición de 16 de julio de 1482.

      De esta edición existen dos ejemplares en la BNE: el Inc/116 y el Inc/1475. Según la farragosa descripción accesible en la página web, cada uno de estos ejemplares tiene 38 “estampas” y la principal diferencia entre ellos es que al Inc/116 le falta el grabado de la inicial N

      Las 38 iluminaciones de cada uno de los tres códices de 1482 los desglosan en la BN:

2 iniciales grabadas
4 diagramas astronómicos
32 mapas: 1 mapamundi y 31 mapas representando las partes del mundo.

       Edición de 4 de noviembre de 1490.

      Hay dos ejemplares en la BNE: el Inc/756 y el Inc/1105. De estos incunables no se da ninguna información ni se dice si tienen mapas o no. Los tienen los ejemplares de la misma fecha e impresor de la Biblioteca Panizzi (Reggio Emilia), la Biblioteca del Polesine (Rovigo) y de la Biblioteca Seminario di Milano, pero, en la BNE no se le considera lo bastante importante para detallar y describir sus mapas. La valoración de un solo mapa de esta edición, de los 27 o más que debe de tener, varía de 10.000 a 150.000 euros.Tampoco se tiene en cuenta que esta edición se caracteriza por tener un grabado de Ptolomeo, también presa altamente cotizada en el mercado de coleccionistas.

       Los mapas de Ptolomeo y el mercado internacional de arte robado.- La historia de la cartografía va fatidicamente unida a la historia de los robos de mapas. Durante la Edad Media y el Renacimiento, poseer mapas o las técnicas para confeccionarlos significaba detentar un poder, que afectaba al comercio, a las rutas de navegación, o a la descripción de posibles territorios de conquista. Las grandes escuelas cartográficas se hallan en ciudades representativas de las sucesivas potencias europeas:, Mallorca, Venecia, Florencia, Sagres (punto de partida de la expansión marítima portuguesa desde la principios del siglo XIV) y las condenas por robar o sacar mapas de un territorio mapas podían llegar a la pena de muerte.

      Con el nacimiento de la imprenta y el descubrimiento de América, los mapas que se valoran son aquellos que incorporen los nuevos territorios , la que antes se llamaba “terra ignota” y reflejen una imagen de la tierra, según las nuevas leyes de la física y la cosmografía científica. Waldseemüller, por ejemplo, intentó incorporar al mapa ptolomaico las observaciones y descubrimientos de Americo Vespucio. El único mapa existente de Waldseemüller, que llama, por primera vez, “America” a estos territorios, está hoy en la Library of Congress de Washington. En 2001 el gobierno alemán permitió al principe Waldburg-Wolfegg que vendiera a la Biblioteca americana por diez millones de dólares este mapa, catalogado como parte del tesoro artístico alemán.

      Esta transacción, reconocida por muchos como “robo moral”, es el mejor (o, al menos, más legal) escenario en el que se desarrolla hoy el mercado de mapas.

      Efectivamente, durante el siglo XIX y primera mitad del XX, los colectores de mapas se limitaban a un reducido número de bibliófilos o especialistas sin gran poder económico. Los mapas robados eran pocos y se pagaba poco por ellos. Debemos a una nefasta figura llamada Graham Arader el que exista un mercado creciente y sin escrúpulos de mapas antiguos. A este marchante norteamericano se le ocurrió la feliz idea de convertir los mapas en objetos de adorno, para complementar la decoración de la oficina de un banquero o la consulta de un dentista. Lo que interesaba era el mapa y, por tanto, se mutilaba sin contemplaciones el manuscrito, códice, incunable o ejemplar en el que estaban insertos. Esta salvajada la amplió a los grabados de botánica o fauna. Los grabados o pinturas pueden centuplicar el valor de la obra en la que están. Y el robo es más fácil. Un ladrón no tiene que preocuparse en esconder un manuscrito o libro. Se limita a saber ocultar y manejar con discreción una cuchilla y los mapas o grabados robados se esconden fácilmente entre folios o entre la ropa. Miles Harvey, en su libro “La Isla de los mapas perdidos” (obra entretenida si uno tiene el sentido común de irse a tomar una copa cuando el autor hace conatos de estilo), describe a Graham Arader con la fascinación plebeya de un típico papanatas, encandilado por el prepotencia del dinero. Precisamente hay un capítulo en que cuenta cómo se subasta en Sotheby`s una Cosmographia de Ptolomeo, de 1482, que Arader adquiere por 1.150.000 $. El último dueño de la Cosmographia que Sotheby`s hace público se remonta al siglo XVIII. A partir de aquí se acoge al derecho de confidencialidad. Un mes antes, la casa de subastas Christie´s fue pillada en renuncio intentando vender otra Cosmographia de Ptolomeo (la edición de 1477), que había sido robada a la Biblioteca Nacional de Francia... Si uno piensa que sólo el mapamundi de la obra vale hoy dos millones de euros, y que la obra tiene de 27 a 38 mapas, el precio pagado era una buena inversión.

      Todo esto es posible por la coexistencia de distintos tipos de corrupción y negligencia criminal. Los mapas se roban y las instituciones no denuncian los robos para ocultar el escándalo. En treinta años, se han robado miles de mapas y, por tanto, se han mutilado miles de libros valiosísimos, en las bibliotecas de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Finlandia, Países Bajos. En la mayoría de los casos, ha sido la policía la que ha tenido que ir preguntando a las bibliotecas si los mapas encontrados entre el botín de algún ladron, les pertenecían. Arader decía que los bibliotecarios eran una partida de gandules e incompetentes y tenía razón. En Madrid, el 30 de junio de 2001 se celebró un congreso de la International Society of the Curators of Early Maps (ISCEM), donde se habló por extenso de la plaga de robos de mapas que habían ocurrido en los últimos diez años en las mejores bibliotecas del mundo. Supongo que las autoridades de nuestra Biblioteca Nacional estaban ocupadas eligiendo el color de la formica de la espectacular remodelación actual. La Interpol y el FBI han colapsado los correos electrónicos advirtiendo de los delitos a todas las Bibliotecas del mundo que custodiaban mapas antiguos. Cientos de páginas web de bibliotecarios con algo de ética y vergüenza han estado enviando descripciones de ladrones, transmitiendo información sobre los últimos dos apresados: Gilbert Bland y Forbes Smiley, los seudónimos utilizados, las bibliotecas visitadas por ellos, etc, etc. La Biblioteca Nacional de España no se ha dado por enterada de que, desde hace más de veinte años, los mapas antiguos son uno de los objetos más valorados en el mercado de arte mundial. No se ha molestado en describir con un mínimo de profesionalidad su fondo cartográfico, no ha comprobado si hay mutilaciones, ni ha hecho una sola consulta ni un solo estudio de normas de seguridad a expertos.

      A fecha de hoy no sabemos (y estoy seguro que Regàs se ha ido sin saberlo, ni falta que le ha hecho) que édiciones y obras han destruido en la Nacional. Tampoco han explicado por qué y cómo han permitido el acceso al incunable Res/255, cuando existía de éste copia digital. Y, con el número tan ridículo de fondo antiguo digitalizado, no creo que se les olvidara su existencia.

Fragmento del artículo SANDIOS HONORIS CAUSA EN EL NEGOCIADO DE CULTURA de El espía que surgió del frío, publicado el 17/09/2007 08:50 h.

Más información:

El País, Uruguay: 

Organización robaba identidad de uruguayos para poder delinquir

      Cecilia S. nunca perdió la cédula pero sus datos coinciden con los del documento que usa una mujer vinculada al "ladrón de mapas" procesado en Argentina. Identidades fraguadas por la organización que robaba documentos históricos.

      Luego de hacerse pasar por investigador para extirpar grabados de libros incunables del siglo XV de la Biblioteca Nacional de España, confesar el robo y devolverlos, el uruguayo Carlos Gómez Rivero (61) fue procesado sin prisión en Argentina por fraude en grado de tentativa, por intentar vender documentos robados. Con él, cayeron Daniel Guido Pastore, uno de los libreros anticuarios más reconocidos del vecino país, dueño de la librería "Imago Mundi" y Washington Luis Pereira, también uruguayo.

      Sin embargo, el affaire de los mapamundis robados en España fue sólo el detonante de una denuncia que no culminó con los procesamientos. También quedaron en evidencia una serie de robos similares ocurridos en las bibliotecas públicas y nacionales de Montevideo, Colonia, Salto, Buenos Aires y Mendoza, así como en algunos de los más importantes museos de Uruguay. En el Archivo Nacional de Asunción, el uruguayo fue investigado por la mutilación de los libros de actas del Cabildo de 1595.

      En una de las acreditaciones utilizadas por Gómez Rivero figuraba una cédula de identidad paraguaya, cuya numeración no correspondía con los documentos de ese país, según confirmó la agregada cultural de esa embajada en Montevideo.

     César Ovilio Gómez Rivero nació el 22 de mayo de 1947 en Canelones. Su Cédula de Identidad es la 1.119.436-1 y su domicilio, según acreditó en algunos registros, San José 1044. Sin embargo, esa dirección no existe.

      En una denuncia policial de diciembre de 2003 a la que tuvo acceso El País, también figura una dirección en Avenida de los Molinos N° 6 esquina Concepción del Uruguay, también inexistente. Además, declaró un domicilio en Punta del Este: Gorlero 429 apartamento 002, el cual tampoco es real.

      Pero la dirección más insólita que aportó como "investigador" para llevarse los incunables de la biblioteca española fue Serrano 52, Madrid, donde se encuentra "El Corte Inglés". Algo así como declarar que vive en el Shopping de Punta Carretas.

      También utilizó esta habilidad para falsear su propia identidad, utilizando en algunas ocasiones el apellido Bullrich. E incluso para cambiar su imagen: siendo totalmente calvo en las últimas fotografías que se le conocen, algunos testigos dicen haberlo visto con un pelo negro enrulado, tipo África look.

      Gómez Rivero no dudó tampoco en utilizar su DNI 92.147.663 para ingresar al país procedente de Buenos Aires en compañía de una mujer boliviana. Según el oficio N° 3890 de la Dirección de Investigaciones de Montevideo, el uruguayo tenía antecedentes por hurto, apropiación indebida, estafa y rapiña.

      CÉDULAS. Una de las cédulas de identidad presentada en Uruguay por una mujer que acompañaba a Gómez Rivero pertenece a Cecilia S.. de 34 años, de nacionalidad uruguaya y nacida en Montevideo.

      El País ubicó a la verdadera propietaria de esa cédula de identidad, quien dijo que en los últimos 20 años, "jamás perdió su documento". Lo más sorprendente, es que la acompañante de Gómez Rivero también aportó los nombres de sus padres, los cuales coinciden con los de la damnificada.

      El hecho de que la verdadera propietaria jamás haya perdido el documento, deja en evidencia que existe una cédula idéntica que estaba siendo utilizada por esta organización.

      "Me sorprende que figure el nombre de mi padre, quien falleció hace 14 años. Esos datos tienen que haber salido de una partida de nacimiento", manifestó Cecilia S.

      El director Nacional de Identificación Civil, Rubén Amato, dijo a El País que la partida de nacimiento "es un documento público muy fácil de obtener", aunque no descartó que la información pueda haber sido tomada de otro banco de datos.

      Amato indicó, sin embargo, que "es muy difícil falsificar una cédula", puesto que los documentos uruguayos tienen un sistema de seguridad para la fotografía, el plastificado y el papel, que en caso de ser fotocopiado, "sale de otro color". Como ejemplo, dijo que la plancha de prueba para falsificar cédulas que fue hallada recientemente en una imprenta era "muy burda" y estaba "muy lejos del color que debe tener".

      CONEXIÓN EUROPEA.

      En un informe publicado por El País el 19 de diciembre de 2007 se señalaba que hace algunos años, coincidiendo con los robos a los que se lo vincula a Gómez Rivero, un grupo de personas se presentó en la Biblioteca Nacional de Montevideo como "enviados de la Biblioteca del Vaticano". Al parecer, esas personas integrarían una organización internacional dedicada al robo de documentos históricos, a la cual se vincularía también una conocida librería ubicada en Verona, Italia.

      A Gómez Rivero se lo señala como el "brazo ejecutor", o el "chasque", en algunos casos. De hecho, sus otros dos apodos, "La Mula" y "El Maletero", parecerían confirmarlo.

      Fuentes de Interpol Uruguay informaron a El País que luego de su procesamiento en Argentina, se "dio de baja" al pedido de captura internacional.

      Cuando César Gómez Rivero comenzó a dejar sus huellas en los archivos históricos más importantes del país se elaboró un Photokit con su rostro que fue rápidamente difundido y reconocido por muchos funcionarios y guardias de seguridad de los distintos acervos.

      En el Museo Giró, de Cerrito 586, la funcionaria Beatriz Pórfido vio como un día el hombre se colocó en un extremo de la sala de consulta, como buscando un lugar para no ser visto. El "investigador" sacó algunos planos antiguos de Montevideo que ocultó del lado izquierdo de su campera de cuero color marrón. Cuando la mujer notó el hecho, le dijo "¿Qué está haciendo?". Entonces, el hombre golpeó sus manos sobre la mesa y le dijo "¿Sos hincha de Peñarol?". Y la amenazó diciéndole que no dijera nada de lo que había visto. Como dejó los materiales, no fue detenido.

      De su paso por el Museo Giró y la Casa de Lavalleja, Gómez Rivero habría recogido varios frutos.

      Faltaban, entre otros materiales, una carta de José Fructuoso Rivera (líder del Partido Colorado y primer presidente constitucional) a José Rondeau (militar y político argentino) fechada en 1835 y dos cartas del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes al doctor Ángel Carranza de Buenos Aires, en 1872.

PROCESADOS EN ARGENTINA

       Daniel Guido Pastorem Librero argentino, titular de la librería "Imago Mundi", ubicada en el exclusivo barrio porteño de Recoleta, que en su página de Internet se promociona como una casa vendedora de "libros del siglo XVI al XIX" e "incunables".

      El juez federal Ariel Lijo lo procesó como presunto coautor del delito de defraudación en grado de tentativa, por haber querido vender varias piezas robadas en España.

      César Gómez Rivero,  uruguayo,  "El Negro",  ya tenía antecedentes por hurto, apropiación indebida, estafa y rapiña. Se lo vincula a robos de documentos históricos en España, Uruguay, Paraguay y Argentina. Para ello, utilizó varias acreditaciones falsas de "investigador" y dejó direcciones personales que no existen. Fue procesado el mes pasado en Argentina, donde reside.

Peligroso con navaja en mano

      El escándalo desatado en Madrid por el robo de los mapas le costó el cargo a la ex directora de la Biblioteca Nacional de Madrid, la escritora Rosa Regás, quien renunció tras enfrentarse con el ministro de Cultura, César Antonio Molina. En definitiva, se cortó por el lado más fino. Quién sí sabía dónde cortar era Gómez Rivero, quien utilizaba navajas para apoderarse de los documentos.

      El 13 de octubre de 2001, un funcionario de la Sala de Materiales Especiales de la Biblioteca Nacional encontró que un "investigador" había dejado allí un estuche de lentes. Adentro no había gafas sino navajas de afeitar. Dos años después, el 7 de noviembre de 2003, el director de la biblioteca, Raúl Vallarino, presentó una denuncia ante la Policía por haber constatado la desaparición de libros y álbumes de fotos antiguas. Se presume que esas navajas podrían pertenecer a Gómez Rivero, quien cortó con un elemento similar los mapamundis incunables en España.

ANDRÉS LÓPEZ REILLY, publicado en El País, edición digital, Uruguay.

16/10/2011 15:08. Editado por Gatopardo enlace permanente. ARTE EXPOLIADO

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