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LA MUGRE ACADÉMICA TRAS EL SUICIDIO DE AARON SWARTZ

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      La vida académica está pautada por la rutina, la mediocridad y las riñas por unos privilegios mezquinos, que huelen a rancio. Desde que la investigación pasó a formar parte de los complementos y pluses de las nóminas, los académicos han creido que es un coto de uso exclusivo, del que sólo tienen que dar cuenta a sus pares.

      Lo normal es que, en el primer ejercicio de investigación "serio", la tesis doctoral, el futuro investigador haga un tocho de citas y puntualizaciones de punto repulgo erudito sin saber la diferencia epistemológica entre prueba y ejemplo o entre teorías constructivas y teorías de principios. Sea cual sea la disciplina o rama de saber hay dos constantes: el gusto por el lenguaje pomposo y la pertinaz afirmación de que, hasta el momento en que el doctorando y su ilustre director se han hecho cargo, la Humanidad, en su inmensa desidia, ha desatendido la toponimia de los pueblos del Sur de la Sierra de Jaen o la tipología de la soriasis atípica, en el siglo XIX, en el Alto Aragón...

      Esta mili de pedantería dura varios años y deja secuelas de por vida. En unos años, donde el recluta tendría que tranquilizar las hormonas tumbando trigos y retozando, la cultura, el conocimiento y la investigación se pervierten en su esencial fin de mecanismo de sobrevivencia y disfrute y degeneran en sintomas neuróticos de inseguridad e impotencia. Tras el ilustre personajillo que se indigna por el periclitable destino del futuro de subjuntivo, se esconde un imbécil con los sesos fritos por la bombilla de 40 W y con problemas glandulares.

      La saña con que los investigadores académicos se aferran a Su Tema, y sus derechos de autor,   sólo es comprensible en términos de compulsión obsesiva incapacitante. En los años que median entre tesis y cátedras, que pueden ser fácilmente dos decenios, el sujeto parte la tesis en 140 intervenciones en congresos, 43 conferencias, varias monografías e infinitos apuntes para el alumnado, donde repite y regurgita de manera implacable las mismas tonterías año tras año. Los que nos llegan a las cátedras son pelmazos gilipollas que no han cotejado con el original ni un sólo documento de los que hablan, ni se han molestado en comprobar en los libros otra cosa que el índice,  a ver si los citan.

      Estos majaderos campanudos han desarrollado, en algún punto de su sistema límbico, un gusto por el dinero y las raterias que es digno de que conste en los anales de la picaresca. Regalitos de editoriales y empresas informáticas, cursos de verano, subvenciones injustificables, circuitos de amiguismo en contratación de servicios, congresos perfectamente sustituibles por correos electrónicos con artículo adjunto, son algunas de las trapacerías que constituyen la vida académica y la investigación en nuestras universidades. Un nido de gran importancia, porque avala y da marchamo científico a todo lo anterior, es el de las publicaciones y la defensa de los derechos de autor. Las publicaciones son un negocio  con editoriales subvencionadas, están gestionadas sin profesionalidad ni en cuanto a contenidos ni en cuanto a forma. Hay cientos de publicaciones cuyo único fin es recoger Actas de congresos años después de su celebración y miles que son centones de resúmenes. Toda esta farfolla tiene que ser comprada por bibliotecas e instituciones estatales, al igual que los manuales que escriben los tienen que comprar los alumnos, si quieren salir con bien de la asignatura.

       Por tanto, la lucha por los derechos de autor no es tanto una defensa de autoría, que nadie les niega, ni una reivindicación laboral, sino la obstinación en seguir siendo una élite sin función social, sin productividad y sin capacidad de trabajo.

       Hay blogs en internet que han realizado una labor de investigación y difusión cultural infinitamente superior a departamentos enteros de nuestras facultades. Tras ellos hay gente de toda condición y pelaje. Son plagiados y sólo reaccionan con algún comentario jocoso. Los que los plagian suelen poner los siete candados de la propiedad intelectual a su copia. Son los mismos que arrugaban el morro cuando nació Wikipedia y que ahora la fusilan sin contención y sin citarla.

      Es el mismo espíritu miserable que encontré en Dakota, en un grupo de roulottes carcomidas por el tiempo y la mugre, en medio de la nada,  y cuyos orgullosos propietarios amenazaban: "Propiedad Privada: Respuesta armada."

     Contra ese cerrilismo sin paliativos,  estéril, caduco,  Aaron Swartz, como tantos otros, reivindicó el libre acceso a la investigación y el conocimiento de público dominio, porque es  ahí donde se juega el futuro de la cultura universal.

      Ninguno de los enemigos de la libre transmisión de la cultura ha producido ni creado en toda su puñetera existencia nada más que detritus mal digeridos, perfectamente prescindibles, porque les falta lo primordial: curiosidad, generosidad y amor al conocimiento.

      ¡Y además, son tan imperdonablemente feos!...

Gatopardo

Más información:

Imagen de portada:  foto de Aaron Swartz, compartida por su novia, via El mundo.

13/01/2013 18:28. Editado por Gatopardo enlace permanente. PERSONAL Y ARBITRARIO

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gravatar.comAutor: moncho

Gran pérdida. Saludos a la tropa

Fecha: 15/01/2013 02:31.


gravatar.comAutor: Carmen

Pobre guaje, le pusieron contra las cuerdas.
Imperdonablemente feos y tontos. Bien descrita la mugre académica pero demasiado benevolente. Es mucho peor.

Fecha: 15/01/2013 09:40.


gravatar.comAutor: pau

Generalizar es malo.
No todos los investigadores pecan de eso que dices, ni siquiera la mayoría, por lo menos ninguno de los que conozco.

Fecha: 15/01/2013 12:49.


gravatar.comAutor: Gatopardo, l'agüela

Moncho: Te debo carta.

Saludos repartidos.

Carmen: me quedé corta, sí; pero es que la ponderación y la benevolencia es mi mayor defecto.

Pau, querido Pau de mis entretelas:

Vamos a ver: anoche te marcaste en tu blog "La Crisálida del tiempo" un artículo, titulado Aaron Swartz, con esta entradilla:

"Hoy quería escribir sobre Aaron Swartz, pero al dar una vuelta por mis enlaces he descubierto que GATOPARDO se ha adelantado con la brillantez y mordacidad que suele regalarnos. Y como homenaje y respeto a las ideas de Aaron copio íntegramente su artículo."

Un par de horas después lo eliminaste, y ahora me vienes con esas:

¿Te estás hormonando y pronto te tendré entre mis congéneres, destellando incongruencias, y contradiciéndote con menos fuste que un diseñador de modas?

¿O es que no habías leído mi artículo cuando lo presentaste?

¿O las dos cosas?

Fecha: 15/01/2013 16:05.


gravatar.comAutor: Carmen a Gatopardo

Tienes razón. Pero acababa de ojear un optimista, absurdo y apestoso artículo de hoy titulado "Las cosas que la universidad debe cambiar", en el que una catedrática de economía, uno de los saberes más inútiles de un gremio temible, desgrana perlas. En esos casos, tan frecuentes, no hay otra solución que la guillotina. Que corra la sangre, a ver si se limpian las aceras.

Fecha: 15/01/2013 16:59.


gravatar.comAutor: Gatopardo, l'agüela a Carmen

Bien, apruebo la moción, aunque yo estaría más por cortarles las manos a la altura del hombro a los que perpetren frases como "Hay que buscar un verdadero mecanismo de incentivos basado en las personas", que dice la María Amparo Camarero.

Pero, siendo consecuentes, a quienes se los leen en un ay de indignación y cabreo, sabiendo que no dan más de sí, hay que poneros a vender cupones de la ONCE de ocho a cinco, pateando calles, sin moscosos ni escalafón. Por berzas.

Fecha: 16/01/2013 11:18.


gravatar.comAutor: Carmen a l'agüela

Güeli, ajústate bien los lentes. He dicho "ojear" ¿Pero tú me ves a mi leyendo esas sandeces? Me basta un vistazo, digamos "transversal" que está de moda, para hacerme una idea de la estupidez de turno. Mi ojo certero no falla las frases cumbre. Encantada vendería yo el cupón, pero ciega no, que si no ¿quién hablaría de la Camarero y tantos otros? ¿Cómo podrías tu citar esa frase que tampoco es la mejor, pero buena es?

Fecha: 16/01/2013 15:25.


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Gatopardo

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es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
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y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
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que alegre su antifonario
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Si tiene cierto interés
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