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ROMANCE DE LA VUELTA DEL NAVEGANTE

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30 LA VUELTA DEL NAVEGANTE

 La vida de las galeras
  es muy mala de pasar:
comiendo del pan mohiento,
  bebiendo aguas de mar.
Siete años estuve en ellas,
  todos siete por el mar,
rodeando y navegando
  sin tierra firme tocar;
a la fin de los siete años,
  llegué a puerto de mar.
Le pedí licencia al conde,
  y no me la quiso dar;
con licencia o sin licencia,
  juré a desembarcar.
Quiso Dios y mi fortuna,
  una noche de lunar,
puse espada de correo,
  eché manos a remar,
la barca arribé a la orilla,
  echéme en un arenal.
Jornada de cuatro horas
  en dos la hube de andar;
llegué a los altos palacios
  donde dejara a mi madre,
allí encontré a mi tía
  bordando en un cabezal:
—Dios guarde a la señora
  y el su lindo trabajar.
—Bien venido, caballero,
  tan cortés en el hablar.
—Yo soy un sobrino suyo,
  don Luïs del Palomar.
—No puedes ser don Luïs,
  que él en galeras está;
para tú ser mi sobrino,
  otras señas me has de dar.
—¿Qué es de mi caballo blanco,
  que me dejara mi padre?
—Ese caballo, sobrino,
  en tu cuadra aún está.
—Me diría, la mi tía,
  la mi madre ¿cómo está?
—La tú madre, don Luïs,
  está ciega de llorar.
—¿Dónde está mi amor primero,
  quedó chica, por criar.
—Hoy se hacen los conciertos,
  mañana la casarán.
—¿A dónde, mi tía, a dónde,
  que los voy a conturbar.
Aparéjeme el caballo,
  aprisa y no de vagar;
y bájeme la vihuela,
  que yo la voy a rondar.
—No vayas allá, sobrino,
  que te han de querer matar.
—No me matarán, mi tía,
  que yo les sabré hablar.—
—Dios guarde a los padrinos
  y a los que a la mesa están.
—Bienvenido, caballero,
  tan cortés en el hablar.
—Soy pariente de la novia,
  que la vengo a visitar.
—Entre, entre para adentro,
  asiéntese a yantar.
—Con la licencia del novio,
  con la novia quiero hablar;
el gasto que hayan hecho
  yo lo ayudaré a pagar,
siete anillos traigo de oro,
  todos siete le he de dar.—
El novio, de codicioso,
  pronto la mandó llamar.
La novia, de que lo vio,
  de él se fuera a abrazar;
tantos son besos y abrazos,
  no los pueden apartar.
—¡Mala maña tenéis, novia,
  y mala de olvidar,
que de un hombre extranjero
   os vais de él a abrazar!
—¡Miente, miente, la madrina,
  boca sucia, sin verdad,
que los amores primeros
  no se pueden olvidar!
—Y los gastos de la boda
  ¿quién me los ha de pagar?
—Ellos en besos y abrazos
  bien pagos los tienes ya.
—¡Malhaya uno me diera
  y ése fue a su pesar,
con los ojos rasos de agua
  mirando para la mar.

      El romance, que no interesó a los editores del siglo XVI, o, al menos, pasajes muy característicos del romance, se documentan en muy distantes áreas conservadoras dentro de la tradición pan-hispánica, evidenciándonos que la fábula tiene su origen en la Edad Media. En los siglos XIX y XX, se han recogido versiones orales del tema en las comunidades sefardíes de Bosnia, en las islas Canarias, en Brasil, en las islas Açores, desde el Algarve hasta Entre-Douro e Minho y Tras-os-Montes (en Portugal), en Orense y Lugo (Galicia), en Sayago y en Sanabria (Zamora), en Sajambre (León), en Polaciones y Ramales (Cantabria), en la Sierra de Béjar (Cáceres), en Andorra, en Cataluña, en las islas Baleares.

      En buena parte del NO. de la Península (desde Cantabria, hasta Tras-os Montes y la Sierra de Béjar), la convivencia de este romance con el de tema similar “El conde Dirlos” ha dado lugar a muy variados préstamos de motivos entre uno y otro, tanto en una como en otra dirección. En Sayago, el regreso a su tierra del primer amor de la que va a desposarse se halla encabezado por una secuencia propia del romance de “El Quintado”, mezcla tampoco disonante.

      Más curioso es el desarrollo del romance en la tradición catalana, donde el “navegante”, al salir de la galera e informarse de la próximidad de la boda de su desposada, va a rondarla y su canción da pie a que la fábula continúe con el característico desarrollo del romance de tema mítico “El conde Niño” o “Amor más poderoso que la muerte”: el nuevo marido, que confunde la canción con el canto de la sirena, desengañado, da muerte sucesivamente a los dos enamorados, quienes sólo lograrán unirse, más allá de la vida, transformados sucesivamente en plantas y en aves.

Diego Catalán, publicado en el Romancero de la Cuesta del Zarzal

Imagen: "Enero" de los hermanos Limbourg, Libro de las horas del Duque de Berry

24/04/2013 18:55. Editado por Gatopardo enlace permanente. DIEGO CATALÁN

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