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ROMANCE DE LA GUARDA CUIDADOSA

34 LA GUARDA CUIDADOSA

Tan alta estaba la luna
    como el sol al mediodía,
cuando el conde don Leonardo
    salió de su celda un día,
a buscar un casamiento
    para tierras de Castilla.
Mirándole está la infanta,
    desde su sala garrida:
—¡Qué buen cuerpo tenéis, conde,
    merecéis tener amiga!
—Siete tengo, mi señora,
    vos seréis la más querida.
—No te puedo servir, conde,
    que cinco guardas tenía.
La primera guarda era
    un viejo, que no dormía;
la segunda una campana,
    una campana garrida,
como oye alguna ocasión,
    de milagro retañía;
la tercera una leona,
    una leona parida,
una leona que duerme
    debajo la cama mía;
la cuarta un río de sangre
     ¡Quién por ti lo pasaría!,
y la quinta guarda era
     dos brazos que yo tenía.
¿Cómo yo haré, el buen conde?,
    ¿por dónde te gozaría?
—Ese viejo, que no duerme,
    con vino lo adormecía;
lo que era la campana,
    al suelo la bajaría;
lo que era la leona,
    de carne la hartaría;
lo que es el río de sangre,
    a nado lo pasaría,
y lo que eran vuestros brazos,
    yo entre ellos dormiría.

 

      Aparte de un conjunto de versiones judeo-españolas del Norte de África, el tema de la doncella guardada, a la que sólo podrá acceder un hombre capaz de vencer los múltiples impedimentos con que se ha tratado de mantenerla en su virginidad, no es de fácil hallazgo en otras ramas de la tradición pan-hispánica. Sin embargo, tuve la fortuna de descubrirlo, en compañía de Álvaro Galmés, en 1948 en la aldea lebaniega de Valdeprado. Plácida, con sus 80 años, se golpeaba ante nosotros la cabeza con las manos y se quejaba amargamente “’to tocha, ‘to tocha”, intentando atraer en ella el recuerdo del texto tiempo atrás aprendido; pero su memoria se enganchaba continuadamente en un dieciseisílabo, que se le hacía una y otra vez presente, en que la doncella instaba al caballero a iniciar su empresa:

—¡Sal ahora, don Leonardo,
    sal ahora, por tu vida!

      Según su versión, el tema empalmaba con otro, originalmente distinto, propio del romance “Canta, moro, canta, moro”.

      Cuando, en 1957, saqué del olvido el romance de “La guarda cuidadosa”, sólo se había publicado una versión de la tradición portuguesa, procedente de la isla de San Jorge en las Azores, en que el diálogo entre la doncella bajo cinco guardas y el héroe carece, no sólo de desenlace, sino de introducción ambientadora.

Diego Catalán


Imagen de portada:  Miniatura ’Consummation’ from Aegidius Colonna, The Trojan War, versión de Martinus Opifex, 1445/50, Hs. 2273, fol. 18r.Osterreichische Nationalbibliothek, Vienna.

13/10/2015 17:47. Editado por Gatopardo enlace permanente. DIEGO CATALÁN

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